Áreas de Estudio

FORMACIÓN INTEGRAL

“El reto de la formación en el Seminario, se presentaba como la búsqueda del equilibrio entre las diferentes dimensiones”

“La formación de las vocaciones sacerdotales es una tarea hermosa por su gran profundidad y trascendencia, pero a la vez temida. Pocos son los que se ofrecen para realizar este ministerio exigente y delicado. Con frecuencia los formadores se hallan perplejos ante la tarea que se les presenta”. Con estas palabras inicia el Padre Emilio Lavaniegos su obra monumental Los itinerarios formativos en el Seminario Diocesano.

De forma casi simultánea vieron la luz la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis del Papa San Juan Pablo II (25 de marzo 1992) y el Seminario Diocesano de Parral (13 Septiembre 1993). Desde sus inicios la formación de los futuros sacerdotes tuvo muy en cuenta las indicaciones de la Exhortación que proponía atender las diversas dimensiones de la formación: humana, espiritual, intelectual y pastoral.

El reto de la formación se presentaba como la búsqueda del equilibrio entre las diferentes dimensiones. A esto le llamamos formación integral en el Seminario. Últimamente el documento de Aparecida y más el Papa Francisco señalan la misma línea: La realidad actual nos exige mayor atención a los proyectos formativos de los Seminarios… Es necesario un proyecto formativo del Seminario que ofrezca a los Seminaristas un proceso integral (Aparecida 318-319).

De lo que se trata entonces, es de atender a las diferentes dimensiones de la persona. Una tendencia muy sensible es enfocarse en una sola de ellas, por así decirlo, cada uno optaría por seguir sus gustos y preferencias: hay quien le gusta rezar, pero no estudia. O alguien que quiere hacer mucho apostolado, pero no madura afectivamente, etc. Estos son los casos en que toca trabajar año con año, para poder preparar el barro con el que trabajará el Señor que llama a continuar su obra.

Su gracia vertida en vasijas de barro, pero un barro armoniosamente trabajado. ¡Que son muchos años de preparación! Reclaman algunos. Y es verdad, son muchos años, y muy justos y muy necesarios. Facilona medida, cuan falaz sería acortar el tiempo, con tal de acelerar lo que la vida misma no puede acelerar. La formación integral y maduración de la persona del Seminarista, con todos sus elementos, pues de lo que se trata es llegar a ser un Sacerdote según el Corazón de Cristo. Y eso no es más que fruto de la Gracia y de una cuidadosa y atenta formación. Ah y del tiempo.

Pbro. Lic. Roberto Tarín
 Ex Rector del Seminario 2004-2014

 

LA DIMENSIÓN INTELECTUAL

“Estudiar en el Seminario, ofrece el desarrollo de una inteligencia madura, humana y llena de Dios”.

La finalidad de la formación intelectual de los candidatos al Sacerdocio es la configuración del perfil sapiencial del pastor. Lejos de buscar Sacerdotes inteligentes y con respuesta a toda problemática, se busca un pastor sabio que sepa descubrir el plan de Dios en la propia persona y en las ovejas a él confiadas. En este sentido los Seminaristas deben conocer, creer, amar y afirmar la verdad, desarrollando un conocimiento amplio y sólido de las ciencias sagradas y una cultura general en consonancia con nuestro tiempo, que los capacite para anunciar adecuadamente el Evangelio a los hombres, y los lleve a dialogar y a discernir críticamente la cultura de nuestro tiempo. En Palabras de nuestro Señor: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo” (Jn 17, 15-16), aunque el Sacerdote no pertenezca al mundo según su modo de pensar, debe comprenderlo y catequizarlo a partir de los criterios actuales de cultura, comunicación, sociedad e individualidad.

La formación intelectual en el Seminario, debe estar en armónica y constante relación con el crecimiento humano, espiritual y pastoral, de modo que la educación sea integral. El Sacerdote de los tiempos modernos no puede responder al llamado de Dios como maquina insensible, como hombre perfeccionista o desesperado por imponer el reino de Dios a través de las armas. El modelo sapiencial de Sacerdote responde al dilema existencial del hombre, al modo de Cristo Jesús, con la donación libre y generosa de la propia vida, por ello es indispensable enriquecerla constantemente con la doctrina sólida de la Palabra divina, de la tradición milenaria de la santa Iglesia y de las nuevas formas de comunicación.

De este modo se asegura la plena libertad para la nueva evangelización a partir de una relación diaria con el misterio de la Verdad, misterio que únicamente corresponde con la persona de Cristo en su Iglesia.

La formación intelectual en el seminario debe durar por lo menos siete años, a saber: un trienio para la filosofía y doctrinas afines, y un cuatrienio para los estudios teológicos. El objetivo concreto, al ofrecer una exposición completa, sistemática y jerarquizada de las distintas disciplinas, es que el Seminarista cuente con una especie de “espina dorsal” sólida en doctrina cristiana, y a partir de ella toda su formación permanente como Sacerdote pueda madurar y desarrollarse de acuerdo a su ministerio y vida pastoral.

El Seminario es una opción seria y valiosa a tener en cuanta, incluso en el ámbito intelectual. Los estudios en el Seminario ofrecen el desarrollo de una inteligencia madura, humana y llena de Dios.

Pbro. Hugo Rodríguez Caro
Prefecto de Estudios del Seminario

 

LA DIMENSION PASTORAL

“Con ella se trata de garantizar un verdadero aprendizaje en el apostolado y en concreto del ministerio Sacerdotal.”

La dimensión pastoral o apostólica es un referente necesario de todo el proceso formativo. Se puede decir que es el fin de toda formación. Al final se trata de formar evangelizadores presbíteros, y de que la misión se lleve a cabo de la mejor manera posible. Por eso no se debe reducir esta dimensión a una mera “práctica” pastoral, sino que debe conservar siempre un carácter formativo. Se trata de garantizar un verdadero aprendizaje en el apostolado y en concreto del ministerio Sacerdotal. Se debe formar a los Seminaristas en asumir la experiencia pastoral como una realidad colegiada y comunitaria, conociendo y secundando los planes de acción pastoral y respetando las prioridades pastorales de la Diócesis, haciéndolas suyas.

El núcleo formativo señala tres líneas. La primera y fundamental es la formación del corazón, de modo que sea la misericordia llegue a ser el motivo profundo de la acción pastoral del futuro pastor. Debajo de esta propuesta hay una comprensión de la misión evangelizadora de la Iglesia, que define lo más íntimo de su ser y de su vocación.

Desde este núcleo fundamental se afirma el valor fundamental de la caridad pastoral y el sentido de la opción por los pobres en el ministerio presbiteral.

La segunda línea es la de la pertenencia a un cuerpo o comunidad, en concreto al Presbiterio. Se trata de una actividad pastoral realizada en nombre de la comunidad y en colaboración con los demás y por ello se plantea la exigencia de saber dar continuidad a obras que permanecen más que a las personas. La actividad pastoral es una introducción práctica a la colegialidad propia del Presbiterio.

La tercera línea es la del reconocimiento y valoración de la diversidad de carismas de la Iglesia y de las personas que intervienen en las distintas obras de apostolado y formarse en esta valoración. Cada uno de los Seminaristas ha de abrirse a la diversidad ministerial y formarse en esta valoración, porque esta va a ser luego una condición de su ejercicio Presbiteral.

En los años de formación dentro del Seminario, se establecen tres tiempos de servicio pastoral: de fin de semana, de semana santa y de mes de verano. El objetivo es ir conociendo las diferentes realidades de nuestra diócesis para crear una identidad desde su formación inicial. Aunque se logre tener una visión muy limitada, se trata de garantizar la mayor amplitud posible.

Pbro. Lic. Roberto Tarín
Ex Rector del Seminario 2004-2014

 

LA DIMENSIÓN INTELECTUAL

“Estudiar en el Seminario, ofrece el desarrollo de una inteligencia madura, humana y llena de Dios”.

La finalidad de la formación intelectual de los candidatos al Sacerdocio es la configuración del perfil sapiencial del pastor. Lejos de buscar Sacerdotes inteligentes y con respuesta a toda problemática, se busca un pastor sabio que sepa descubrir el plan de Dios en la propia persona y en las ovejas a él confiadas. En este sentido los Seminaristas deben conocer, creer, amar y afirmar la verdad, desarrollando un conocimiento amplio y sólido de las ciencias sagradas y una cultura general en consonancia con nuestro tiempo, que los capacite para anunciar adecuadamente el Evangelio a los hombres, y los lleve a dialogar y a discernir críticamente la cultura de nuestro tiempo. En Palabras de nuestro Señor: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo” (Jn 17, 15-16), aunque el Sacerdote no pertenezca al mundo según su modo de pensar, debe comprenderlo y catequizarlo a partir de los criterios actuales de cultura, comunicación, sociedad e individualidad.

La formación intelectual en el Seminario, debe estar en armónica y constante relación con el crecimiento humano, espiritual y pastoral, de modo que la educación sea integral. El Sacerdote de los tiempos modernos no puede responder al llamado de Dios como maquina insensible, como hombre perfeccionista o desesperado por imponer el reino de Dios a través de las armas. El modelo sapiencial de Sacerdote responde al dilema existencial del hombre, al modo de Cristo Jesús, con la donación libre y generosa de la propia vida, por ello es indispensable enriquecerla constantemente con la doctrina sólida de la Palabra divina, de la tradición milenaria de la santa Iglesia y de las nuevas formas de comunicación.

De este modo se asegura la plena libertad para la nueva evangelización a partir de una relación diaria con el misterio de la Verdad, misterio que únicamente corresponde con la persona de Cristo en su Iglesia.

La formación intelectual en el seminario debe durar por lo menos siete años, a saber: un trienio para la filosofía y doctrinas afines, y un cuatrienio para los estudios teológicos. El objetivo concreto, al ofrecer una exposición completa, sistemática y jerarquizada de las distintas disciplinas, es que el Seminarista cuente con una especie de “espina dorsal” sólida en doctrina cristiana, y a partir de ella toda su formación permanente como Sacerdote pueda madurar y desarrollarse de acuerdo a su ministerio y vida pastoral.

El Seminario es una opción seria y valiosa a tener en cuanta, incluso en el ámbito intelectual. Los estudios en el Seminario ofrecen el desarrollo de una inteligencia madura, humana y llena de Dios.

Pbro. Hugo Rodríguez Caro
Prefecto de Estudios del Seminario