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El Rosario

1.- NOTICIA HISTÓRICA.
Al rezo del santo Rosario, tal cual lo conocemos ahora, precedió una sencilla costumbre de rezar un determinado número de oraciones, mediante unas delgadas cuerdas, a las que se hacían unos nudillos o se les engarzaban unas piedrecillas. Era un modo sencillo de asegurar el rezo de las oraciones, y de algún modo facilitar la concentración del orante. Esta práctica, originada en el Oriente cristiano, pasó pronto a Occidente. Hacia el siglo X, ésta pintoresca forma de orar se usaba en los monasterios. Era oración de gente sencilla e iletrada, que por no saber leer, se valía de este ingenioso recurso.
A las alturas del siglo XII, al rezo de los padres nuestros, se agregó el de las aves marías. La primera forma que conocemos es el llamado salterio de la Virgen María, compuesto de ciento cincuenta aves marías. Entendemos que los fieles sencillos, querían, de esta manera, asociarse a la alabanza perenne de los monjes, estructurada a partir de los ciento cincuenta salmos del salterio bíblico.
La división del Rosario en decenas vino después (1408). Hacia el 1461, a cada decena se le llama “Misterio”, que sustancialmente consiste en una meditación de algún episodio de la vida del Señor o relacionado con la Virgen María.

2.- LOS DOMINICOS,
CAMPEONES DEL ROSARIO.
Corresponde a la orden de los Dominicos la difusión de esta hermosa práctica, genuinamente católica. Se le llama Rosario o Corona del Rosario, por tratarse de un verdadero engarce de rosas de piedad y veneración hacia nuestra Señora.
En el siglo XVI –el siglo de la Reforma Protestante- el Rosario reconoce una gran difusión. Es de alguna manera el santo y seña de los católicos en medio de aquella confusión religiosa descomunal. El Rosario se difunde de manera vertiginosa, gracias al celo de los hijos de Santo Domingo, y no menos, a las calurosas recomendaciones que de esta práctica piadosa hacen los pontífices romanos.

3.- CONTENIDO ESPIRITUAL
DEL SANTO ROSARIO.
El Rosario, bien rezado, constituye una fuente de espiritualidad, la más fecunda para todos los fieles católicos. Junto con el Viacrucis, es una de las devociones más socorridas en la Iglesia Católica. Y las razones son obvias: En primer lugar, se trata de oraciones de honda raíz evangélica y eclesial. En efecto, cualquiera sabe que el Padre Nuestro es una oración, que inventó el mismo Jesús. El Padre Nuestro, bien recitado y reflexionado, es de una riqueza tal, que es, al decir de los autores espirituales, un verdadero compendio de vida cristiana. Por otra parte, los autores del Ave María son el Padre Celestial y el Espíritu Santo. Las primeras palabras del Ave se las dirige el Arcángel Gabriel a María en nombre del Padre (“fue enviado por Dios…. “). El resto “bendita tú entre las mujeres…..” son palabras que Isabel pronuncia movida e inspirada por el Espíritu Santo.
Pero, también hablamos de raíz eclesial: En efecto, la segunda parte del Ave María “Santa María, Madre de Dios…..” fue compuesta por la Iglesia en el Concilio de Efeso, como una glorificación de la Madre de Dios. Es la súplica confiada a una Madre buena, que nos socorre afectuosamente en el caminar de esta vida, y en la hora de la muerte.
El Rosario se corona con el rezo de la Salve. Esta oración se atribuye a San Bernardo. Cierto o no, es una de las más bellas oraciones cristianas que hayan podido proferir los labios devotos. En la Salve, los hijos expresan su amor y su confianza a una Madre, que acoge, que acompaña, que es dulce y tiernamente piadosa.

4.- JUAN PABLO II Y EL ROSARIO.
A los Misterios, agrupados tradicionalmente en gloriosos, gozosos y dolorosos, el siervo de Dios, Juan Pablo II, agregó otra serie de hermosos y sugestivos misterios, que él denominó “Misterios luminosos”. Este Papa, tan profundamente Mariano, gustaba de rezar diariamente el Rosario. Él, que se sentía todo de la Santa Señora, no podía menos que inducirnos con el ejemplo al rezo de esta devoción tan privilegiada en la Iglesia Católica.
Es de desear que los cristianos, dejando de lado un rezo maquinal del Rosario, que a la larga se vuelve tedioso y monótono, mediten, antes de desgranar cada decena, el Misterio correspondiente. Se trata de pasajes de la Vida de Jesús o de la Virgen María, testificados en la máxima fuente de espiritualidad, que es la Sagrada Escritura.

5.- EL ROSARIO, REPASO DE LA HISTORIA DE SALVACIÓN.
En resumen, el Rosario es como un devoto repaso de la Historia de nuestra Redención. Los variados aspectos ofrecidos por los Misterios, son como estímulos sobrenaturales, para que susciten o despierten en nosotros los íntimos sentimientos de dolor, y de gratitud afectuosa y filial –somos hijos de Dios e hijos de María- y también los propósitos firmes y eficaces de mantenernos en fidelidad a Jesucristo y a la portadora de Cristo, que es la Santísima Virgen María.

6.- EL ROSARIO ¿UN EJERCICIO ABURRIDO?
Algunos, con poco sentido sobrenatural, han dicho que el Rosario es una oración monótona por repetitiva. Se trata de una apreciación falsa. Los enamorados sueles decirse con frecuencia que se aman. Y no por eso son aburridos. El amor es el que, en todo caso, nos salva de la monotonía, la maquinalidad y el aburrimiento. Si no amas, te aburres.

7.- EL ROSARIO, FUENTE DE GRACIAS.
Para finalizar, diríamos que el Rosario ha sido para la Iglesia una fuente inagotable de abundantes gracias. La Iglesia lo ha rezado en sus horas oscuras, y en sus horas de alegre plenitud. Siempre será verdadero aquello de que “jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro, haya sido desamparado”. Palabras que confirman a cada paso la experiencia de fe de todos los fieles cristianos católicos.

Vida Diocesana
Pbro. Lic. José Carlos Tarango M.
Lic. en Teología Dogmática

Conocer la verdad referente a los ángeles

Hoy en día el movimiento llamado New Age ( Nueva Era ), ha puesto de moda a los ángeles, se han escrito una infinidad de libros que hablan de ellos de una manera que nosotros los Católicos no conocíamos ni estamos acostumbrados, y por lo tanto causa mucha confusión.
Se ha difundido en muchos de estos libros escritos por personas ajenas a la fe Católica que; los ángeles pueden hacer milagros, que los ángeles pueden curar todo tipo de enfermedades, que los ángeles intervienen en el Tarot, en los Horóscopos, que depende la vestimenta que tengan es la categoría de los ángeles, y los favores que pueden concedernos.
Todas estas ideas vienen de personas racionalistas que consideran a los ángeles como personificaciones de atributos divinos, o revuelven la angeología judeocristiana con un politeísmo primitivo usando muchos elementos del New Age, para introducir por medio de los ángeles, creencias y prácticas que van contra la fe y la práctica de el cristianismo, como por ejemplo, está muy de moda encontrar ángeles hechos de piedra de cuarzo, que al ser usados tienen poderes curativos y energéticos. Es muy importante conocer que nos dice la Iglesia Católica y las Sagradas Escrituras sobre los ángeles, para que no nos confundan todas estas personas que lo único que realmente buscan es lucrar con esta moda y desorientarnos en nuestra fe.

Existencia de los Ángeles.
Dios al principio del tiempo, creó de la nada unos seres espirituales que son llamados ángeles.
La Sagrada Escritura da testimonio, aún en los libros más antiguos, de la existencia de los ángeles, los cuales glorifican a Dios y sirven como mensajeros suyos, son los encargados de traer sus mensajes a los hombres; Gen 3,24; 16,7 ss ; 18,2ss; 19,1ss.
En seis días hizo Yahvé los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene Ex.20,11.
En Él fueron creadas todas las cosas del Cielo y de la tierra, las visibles y invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades Col. 1,16
El número de los ángeles, por lo que dice la Sagrada Escritura, es muy elevado. La Biblia nos habla de miríadas (Heb. 12,22), de millares y millares ( Dan 7,10; Apoc 5,11), de legiones ( MT 26,53). Los distintos nombres con que los llama la Biblia nos indican que entre ellos existe una jerarquía: serafines, querubines y tronos – dominaciones, virtudes y potestades, principados, arcángeles y ángeles. Is 6,2ss; Gen 3,24; Col 1,16; Ef1,21; Rom 8,38ss; Jud 9,1Tes 4,16.
La naturaleza de los ángeles es espiritual, a diferencia de la naturaleza humana, compuesta de cuerpo y alma espiritual, la naturaleza angélica es puramente espiritual, es decir libre de toda materia.
La Sagrada Escritura llama expresamente espíritus a los ángeles: Dan 3,86; Sab 7,23; 2 Mac 3,24; Mt 8,16; Lc 6,19; Heb 1,14; Apoc. 1,4.
Los ángeles son por naturaleza inmortales y lo podemos ver en Lc 20,36 “Ellos (los resucitados) ya no pueden morir, pues son semejantes a los ángeles”.
La voluntad y poder de los ángeles. Como seres espirituales, los ángeles poseen entendimiento y libre voluntad. El conocimiento y voluntad de los ángeles, por ser su naturaleza puramente espiritual, son mucho más perfectos que el conocimiento y voluntad humana.
Pero por ser creaturas de Dios son inferiores en conocimiento y voluntad de Dios, los ángeles no conocen los secretos de Dios (1Cor 2,11), ni tienen tampoco presciencia cierta de las acciones futuras (Is46,9ss),; desconocen el día y
la hora del Juicio (Mt 24,36; Mc 13,32). La misión secundaria de los ángeles buenos es proteger a los hombres y velar por su salvación, cada hombre creyente o no tiene un ángel de la guarda particular. Esto se funda bíblicamente en lo que dijo Cristo Mt 18,10 “ Mirad que no despreciéis a uno de esos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el Cielo la faz de mi Padre, que está en los cielos”. Y en Hech 12,15 “Su ángel es (el de Pedro)”.
Es bueno saber que tenemos un ángel custodio debemos tenerle confianza tratarlo como un entrañable amigo, y él sabrá hacernos mil servicios en nuestra vida diaria, y debemos llenarnos de agradecimiento a Dios por este don tan grande que nos hace al concedernos un ángel como compañero y protector, como si no fueran suficientes sus cuidados paternales y todas las gracias y beneficios espirituales y materiales.
Es bueno saber que los ángeles y los demonios, no pueden conocer nuestros más íntimos pensamientos y deseos si nosotros no los manifestamos de alguna manera, pues solo Dios conoce exactamente lo que hay en nuestro corazón. “ Acude a tu ángel custodio a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones.”
Los ángeles pueden conocer lo que queremos, o nuestras intenciones, de modo semejante a como los demás hombres lo intuyen por nuestras palabras, gestos, etc. ¡Cuántos favores nos habrán hecho que ni siquiera imaginamos, y cuántos más nos harán si confiadamente se los pedimos!

El culto a los ángeles
El culto tributado a los ángeles encuentra su justificación en las relaciones antes mencionadas, de los mismos para con Dios y para con los hombres. La censura que hizo San Pablo (Col 2, 18) del culto a los ángeles se refiere a una veneración exagerada e improcedente de los mismos, inspirada en errores gnósticos. Así es que no debemos permitir que estas “modas” nos confundan, siempre se nos ha inculcado dentro de la fe Católica, una especial reverencia a los ángeles. “ A sus ángeles ha mandado Dios para que te guarden en tus caminos. ¡Cuánta reverencia debe inspirarte esta palabra, cuánta devoción, cuánta confianza!… Reverencia por la presencia, devoción por la benevolencia, confianza por la custodia”.(Lit. de las horas 2 de Octubre).

Vida de Santidad
Pbro. Lic Roberto Tarín Arzaga
Lic. En filosofía y Párroco de Santa Bárbara

La misión en el corazón de la fe cristiana

Mensaje del Santo Padre por la 91ª Jornada Mundial Misionera, que se celebra el domingo 22 de octubre.
Queridos hermanos y hermanas:
Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?

La misión y el poder transformador del Evangelio de Cristo, Camino, Verdad y Vida
1. La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6). Es Camino que nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios Padre en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera de toda forma de egoísmo y es fuente de creatividad en el amor.

2. Dios Padre desea esta transformación existencial de sus hijos e hijas; transformación que se expresa como culto en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24), en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación del Hijo Jesús, para gloria de Dios Padre. «La gloria de Dios es el hombre viviente» (Ireneo, Adversus haereses IV, 20,7). De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (cf. Is 55,10-11), es decir Jesucristo, el cual continuamente se hace carne en cada situación humana (cf. Jn 1,14).

La misión y el kairos de Cristo
3. La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales o expresiones éticas sublimes. A través de la misión de la Iglesia, Jesucristo sigue evangelizando y actuando; por eso, ella representa el kairos, el tiempo propicio de la salvación en la historia. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra. «Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 276).

4. Recordemos siempre que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1). El Evangelio es una persona, que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección. El Evangelio se convierte así, por medio del Bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, iluminada y transformada por el Espíritu Santo; por medio de la Confirmación, se hace unción fortalecedora que, gracias al mismo Espíritu, indica caminos y estrategias nuevas de testimonio y de proximidad; y por medio de la Eucaristía se convierte en el alimento del hombre nuevo, «medicina de inmortalidad» (Ignacio de Antioquía, Epístola ad Ephesios, 20,2).

5. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial. Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio. Pienso en el gesto de aquel estudiante Dinka que, a costa de su propia vida, protegió a un estudiante de la tribu Nuer que iba a ser asesinado. Pienso en aquella celebración eucarística en Kitgum, en el norte de Uganda, por aquel entonces, ensangrentada por la ferocidad de un grupo de rebeldes, cuando un misionero hizo repetir al pueblo las palabras de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», como expresión del grito desesperado de los hermanos y hermanas del Señor crucificado. Esa celebración fue para la gente una fuente de gran consuelo y valor. Y podemos pensar en muchos, numerosísimos testimonios de cómo el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir.

La misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, peregrinación y exilio
6. La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 20). La misión de la Iglesia estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. La misión de la Iglesia propone una experiencia de continuo exilio, para hacer sentir al hombre, sediento de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos.

7. La misión dice a la Iglesia que ella no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (ibíd., 49).

Los jóvenes, esperanza de la misión
8. Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los que poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad. «Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado […]. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!» (ibíd., 106). La próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en el año 2018 sobre el tema «los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

El servicio de las Obras Misionales Pontificias
9. Las Obras Misionales Pontificias son un instrumento precioso para suscitar en cada comunidad cristiana el deseo de salir de sus propias fronteras y sus seguridades, y remar mar adentro para anunciar el Evangelio a todos. A través de una profunda espiritualidad misionera, que hay que vivir a diario, de un compromiso constante de formación y animación misionera, muchachos, jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos y obispos se involucran para que crezca en cada uno un corazón misionero. La Jornada Mundial de las Misiones, promovida por la Obra de la Propagación de la Fe, es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización.

Hacer misión con María, Madre de la evangelización
10. Queridos hermanos y hermanas, hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación.

Magisterio Papal
Pbro. Lic. Martín Eduardo
Hernández Baeza
Director de la revista y responsable de CODIPACS

Iglesia una, Santa, Católica y Apostólica

Nos estamos preparando para vivir nuestro vigésimo quinto aniversario de fundación de nuestra Diócesis. Nos ayuda recordar que somos la Iglesia de Cristo, la que Él fundó. Y creemos que en cada Iglesia particular, o sea en cada Diócesis se realizan y expresan las cuatro características que profesamos en el Credo: La Iglesia es Una. Única Iglesia fundada y querida por Cristo Jesús. Iglesia una que, por el pecado de los hombres, tantas veces se ha fragmentado y debilitado. Iglesia de Cristo, túnica inconsútil de Cristo Jesús que nos empeñamos en romper. Como Iglesia Diocesana hemos de preservar la unidad entre nosotros los que formamos la Iglesia Católica. Es el testimonio que el mundo espera de nosotros, es el sueño de oro de Jesús: “Padre que ellos sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea que tú me has enviado” Así la Diócesis se ha empeñado en vivir la espiritualidad de comunión, buscando la integración, la comunicación, la unión entre los que la formamos. A veces, influidos por doctrinas extrañas al evangelio rompemos la unidad. Y esto nos hace un daño, tantas veces irreparable. No podremos estar en paz mientras haya hermanos nuestros, bautizados, que no se sientan atraídos y recibidos por nosotros en nuestras comunidades, por el amor, la alegría, la paz. La Iglesia es Santa, porque su fundador es Santo, porque en ella se producen los frutos de santidad, ella nos coloca en la misma acción santificadora de Dios, y el Espíritu Santo santificador en ella campea a sus anchas produciendo la santidad entre sus fieles. Iglesia Santa que reparte y custodia lo Santo. Iglesia Santa que denuncia el pecado de la injusticia, de la maldad, rompe con la mentira y proclama la verdad. Iglesia Santa porque es esposa fiel de Jesucristo el Santo que la redime y dignifica. La Iglesia está compuesta de hombres y mujeres… pecadores. Alguien decía con mucha humildad y verdad que la Iglesia es, “un hospital de pecadores en lenta recuperación”. Pero llevamos en nosotros, como en vasijas de barro, tesoros de Santidad. Somos pecadores llamados a la santidad.
Iglesia Católica, la universal aquella que no distingue de razas ni naciones, que es abierta a todos y a la que están llamados a formar parte todos los hombres. Iglesia Católica que recibe a los pecadores, a los desheredados y marginados de la sociedad, Iglesia Católica que tiene compasión de los asediados por el malo, y de los que nadie quiere. Iglesia Católica, en el espacio y en el tiempo, llamada a ser levadura en la masa, buscadora del hombre, experta en humanidad. Iglesia Católica de corazón inmensamente grande para recibir a todos.
Un buen católico ama a la Iglesia en su catolicidad, y los católicos no siguen ninguna espiritualidad que no sea la católica, aman y promueven todo lo católico, todos los carismas de la Iglesia, y se hacen todo a todos, gozan con los dones que Dios da a cada uno, Y en cualquier lugar que sea católico ellos se sienten bien porque allí descubren y viven su ser Iglesia. Iglesia Apostólica, la que fundó Jesús, la que tiene como cimiento las doce columnas Apostólicas. Iglesia que es la del Papa y la de los Obispos, la de los Católicos de América y de Europa, de África y de Asía, de Oceanía, del mundo. Iglesia de Cristo que llamó a los que él quiso y los constituyó en Apóstoles para darles la misma misión que el Padre le había confiado a él, hasta el fin del mundo y de los tiempos. Con qué fuerza han de vivir los católicos este rasgo eclesial de la Apostolicidad. En las realidades católicas, como las parroquias y grupos, no se ha de conocer la disensión, la fractura con el Magisterio, antes más bien una obediencia obsequiosa y confiada a las enseñanzas del Papa y de los Obispos, de los sacerdotes, sus fieles colaboradores. Sentir con la Iglesia la urgencia del apostolado, somos discípulos misioneros. …Y estas cuatro características de la Iglesia han de ser vividas por…cada uno de nosotros. Trabajando por la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia en mí, porque soy Iglesia.

Editorial
Monseñor Eduardo Carmona Ortega
Obispo de la Diócesis de Parral

En busca de una fe viva

La búsqueda de una fe viva corresponde a la necesidad de encontrar un viviente creíble. Nadie confía plena y vivamente en un objeto o en una idea, sino en alguno que comparta la vida, la acompañe y la sostenga. En este sentido Dios, que se hace cercano, encuentra y provoca la fe del hombre a través la amistad causada por el amor. Existe un libro pequeño, aunque no por ello simple, del teólogo H. U. Von Balthasar que resume esta idea en su título: SOLO EL AMOR ES DIGNO DE FE. Del mismo modo la imagen bíblica abrevia esta idea con la intuición aguda del Pastor que conoce y es conocido por sus ovejas (Cfr. Jn 10). Sólo el amor permite reconocer la voz del creíble, del confiable.
El camino y la búsqueda de cada creyente descansa en la conciencia intima e inmediata de dos seres evidentes: El yo y Dios. Cuando se duda de Dios es obvio que no puede surgir la fe, pero igualmente es imposible que surja la fe cuando se duda de uno mismo, para tener fe se requiere confianza en uno mismo. Por esto, la fe necesita de la vida que crece con la historia; sin una historia de salvación la fe carecería de realidad, sería una seria mentira. Dicho en otro modo con palabras del escritor Oscar Wille: “Todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro”.
Buscar significa salir de sí mismo, luchando contra todo tipo de dios falso y falsificador, hecho a la medida de la propia pobreza o de la razón humana. Creer en un dios a la medida humana es tener una fe muerta, porque el Dios de la vida es más grande que nuestros razonamientos e ideas.
Una fe viva confía, se apropia con el corazón de la verdad en la que cree aun antes de comprenderla con la cabeza. Primero se cree, después se comprende; primero se acepta, luego se crece en la conciencia del bien recibido. La dinámica de la fe viva exige que no exista ni la prisa ni el deseo de control. Cada cual debe encontrar su camino y su ritmo como signo de autenticidad. Los seguidores de Cristo no son autómatas.
Se acercan los 25 años de nuestra Diócesis, es una gran oportunidad para analizar nuestra fe, personal y comunitaria, mas no a modo de juicio o con la cabeza, sino con la misma confianza que tiene Dios en nosotros. Nuestro Dios confía en los seres humanos y lo hace a partir de la vida del Hijo del Hombre, que al mismo tiempo es Hijo de Dios: Jesucristo, nuestro Señor.

Desde Roma
Pbro. Hugo Rodríguez Caro
Estudiante de Teología en Roma

El mensaje de la Verbum Domini

La Exhortación apostólica post sinodal Verbum Domini de Benedicto XVI relanza la contemplación personal y eclesial de la Palabra de Dios en la Biblia, en la Divina Liturgia y en la vida de los creyentes y como esta edición de la revista está dedicada a la sagrada escritura es conveniente recordar este importante documento del magisterio de la iglesia.
“Redescubrir la centralidad de la Palabra de Dios” en la vida personal y de la Iglesia y “la urgencia y la belleza” de anunciarla para la salvación de la humanidad como “testigos convencidos y creíbles del Resucitado”. Es éste en síntesis, el mensaje del papa emérito Benedicto XVI en la Exhortación apostólica post sinodal “Verbum domini”, que recoge las reflexiones y las propuestas surgidas del Sínodo de los obispos, que tuvo lugar en el Vaticano en octubre de 2008 sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. El documento de casi 200 páginas, es un apasionado llamamiento dirigido por el Papa a los Pastores, a los miembros de la vida consagrada y a los laicos, para que tengan cada vez más familiaridad con las sagradas Escrituras, no olvidando nunca “que en el fundamento de toda auténtica y viva espiritualidad cristiana está la Palabra de Dios anunciada, acogida, celebrada y meditada en la Iglesia”.
“En un mundo que a menudo siente a Dios como superfluo y extraño” -afirma el Papa emérito – no existe prioridad más grande que ésta: abrir al hombre los accesos para que confluyan hacia Dios. Benedicto XVI subraya con fuerza que “Dios habla e interviene en la historia a favor del hombre”. “La Palabra de Dios no se contrapone al hombre, no mortifica sus deseos auténticos, sino que los ilumina, purificándolos, llevándolos a cumplimiento. En nuestra época se ha difundido desgraciadamente, de especial modo en Occidente, la idea de que Dios es extraño a los problemas del hombre y que su presencia amenaza su autonomía”. En realidad, dice el Papa “sólo Dios responde a la sed que está en el corazón de todo hombre”.
Para el Santo padre emérito “es decisivo desde el punto de vista pastoral, presentar la Palabra de Dios para dialogar con los problemas que el hombre debe afrontar en la vida cotidiana”. En este contexto es necesario “ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios de las revelaciones privadas”, cuyo papel “no es el de ‘completar’ la Revelación, sino de ayudar a vivirla”. Por otra parte, el Pontífice analiza el estado actual de los estudios bíblicos, revelando la importante aportación dada por la “exégesis histórico-crítica, pero señala el grave riesgo de “un dualismo entre exégesis y teología”. El Papa auspicia “la unidad de los dos niveles interpretativos, que en definitiva presupone “una armonía entre fe y razón”, de manera que la fe “no degenere en fideísmo” y que la razón permanezca abierta”.El Santo Padre insiste más adelante en que “las raíces del Cristianismo se encuentran y se nutren del Antiguo Testamento, de ahí “el vínculo entre cristianos y hebreos, que nuca se debe olvidarse”. El documento afronta luego, la relación entre Palabra de Dios y liturgia. El Papa vuelve a insistir en un mayor cuidado durante la proclamación de la Palabra, en la lectura atenta de la misma. Pide asimismo “mejorar la cualidad de las homilías”. Subraya “el valor del silencio en las celebraciones, que favorezca el recogimiento” y es favorable a “cantos de clara inspiración bíblica como el gregoriano”.
Benedicto en su Exhortación apostólica post sinodal “Verbum domini”, también sugiere “incrementar la pastoral bíblica” como respuesta al fenómeno de la “proliferación de las sectas, que difunden una lectura distorsionada e instrumental de las sagradas Escrituras”. “Es necesaria una adecuada formación de los cristianos y en particular de los catequistas” y dice que el Sínodo auspicia, que haya una Biblia en cada casa. En el texto papal hay un llamamiento a “fortalecer en la Iglesia la conciencia misionera”. En este campo, el Papa reconoce con gratitud en este sentido el compromiso de los movimientos eclesiales.
El Pontífice emérito dirige con conmoción su pensamiento a todos los perseguidos a causa de Cristo y ofrece su solidaridad y afecto a todos los fieles de las comunidades en Asia y África. El documento post-sinodal lanza un llamamiento para “un renovado encuentro entre Biblia y culturas” deseando que haya una promoción del conocimiento de la Biblia en las escuelas y universidades, “por encima de viejos prejuicios”. Asimismo, se insiste en un compromiso más amplio y cualificado en el mundo de la información e internet. “Nuestra época -concluye el Papa- debe ser cada vez más un tiempo de nueva escucha de la palabra de Dios y de una nueva evangelización, porque “aun hoy Jesús resucitado nos dice: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas”.

Vida de santidad
Pbro. Lic Roberto Tarín Arzaga
Lic. En filosofía y Párroco de Santa Bárbara

La Biblia para el Papa Francisco

Con motivo de la publicación de la nueva Biblia para los jóvenes de la colección Youcat el Papa Francisco ha escrito un prólogo que describe de manera muy personal su relación con la Biblia. Este es el prólogo del Papa que compartimos con ustedes:
Mis queridos y jóvenes amigos:
Si alguna vez veis mi Biblia, quizás no os impresione mucho; ¿esta es la Biblia del Papa? ¡Un viejo libro deteriorado! Podrías ofrecerme una nueva, una a mil dólares, pero yo no la querría.
Amo profundamente mi vieja Biblia, que me ha acompañado la mitad de mi vida. Ha visto mis mayores alegrías y se ha mojado con mis lágrimas. Es mi tesoro más precioso. Vivo de ella y por nada del mundo querría separarme de ella.
Esta Biblia que acabáis de sacar me complace enormemente. Es tan colorida, tan rica en testimonios, en testimonios de santos, en testimonios de jóvenes, y da ganas de ir más lejos en la lectura hasta la última página.
¿Y después? Y después la escondes. Desaparece en una estantería, tras la tercera fila de libros. Se llena de polvo. Y vuestros hijos irán a venderla un día a un anticuario. ¡No, esto no debe pasar!

La Biblia es un libro
extremadamente peligroso
Quiero deciros algo: hoy hay más cristianos perseguidos que en los primeros tiempos de la Iglesia. ¿Y por qué son perseguidos? Son perseguidos porque llevan una cruz y se hacen testigos de Jesús. Son juzgados por poseer una Biblia.
La Biblia es un libro extremadamente peligroso. Tan peligroso que en muchos países se comportan como si tener una Biblia equivaliera a almacenar granadas militares en el armario de la ropa.
Es un no cristiano, Mahatma Gandhi, quien dijo un día: “Vosotros cristianos tenéis entre vuestras manos un libro que contiene suficiente dinamita como para reducir a migajas toda la civilización, derribar el mundo, hacer de este mundo devastado por la guerra un mundo en paz. Pero vosotros hacéis como si se tratara sólo de una pieza de buena literatura y nada más”.

Más que literatura
¿Qué tenéis entre las manos? ¿Un poco de literatura? ¿Unas bonitas y antiguas historias? En ese caso, es necesario que digáis a los cristianos que se dejan encarcelar a causa de su Biblia: “¡Pero sois estúpidos! No es más que un poco de literatura”. No, es por el Verbo de Dios que la Luz ha entrado al mundo y nunca se va a apagar.
En Evangelii Gaudium (175), dije: “Nosotros no buscamos a tientas ni necesitamos esperar que Dios nos dirija la palabra, porque realmente «Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido sino que se ha mostrado»[139]. Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada”.

Un libro en el que Dios nos habla
Tenéis algo divino entre las manos: ¡un libro ardiente como las llamas! Un libro en el que Dios nos habla.
Así, entended esto: la Biblia no está ahí para ser puesta en una estantería; está ahí para que la toméis en las manos, para que la leáis a menudo, todos los días, solos o en grupo. Haciendo deporte o comprando.
¿Por qué no leéis la Biblia juntos, dos, tres o cuatro? Fuera, en la naturaleza, en el bosque, en la playa, por la noche a la luz de las velas: ¡haréis una experiencia prodigiosa! ¿Teméis quizás de que una propuesta así os ridiculice unos a otros?
¡Lee atentamente! No te quedes en la superficie como si leyeras un cómic! ¡Nunca hay que tratar superficialmente la palabra de Dios! Pregúntate: ¿Qué dice esto a mi corazón? ¿Qué me dice Dios a través de estas palabras? ¿Me tocan en lo profundo de mis aspiraciones? ¿Qué debo hacer a cambio?
Sólo de esta manera la fuerza de la Palabra de Dios puede tomar toda su dimensión. Sólo así nuestra vida puede cambiar, hacerse grande y bella.
¡Quiero deciros que yo leo mi vieja Biblia! A menudo la tomo aquí, la leo un poco allá, después la dejo y me dejo mirar por el Señor. No soy yo quien Le miro, es ÉL quien me mira. Sí, ÉL está ahí. Yo Le dejo poner sus ojos sobre mí. Y siento, sin sentimentalismo, siento en lo más profundo de las cosas lo que el Señor me dice.
A veces Él no habla
A veces Él no habla. Yo no siento nada, sólo vacío, vacío, vacío… Pero permanezco paciente y espero. Leo y rezo. Rezo sentado porque me hace mal arrodillarme. A veces incluso me duermo rezando. Pero no pasa nada. Soy como un hijo con su padre y eso es lo importante.

¿Queréis darme una alegría? ¡Leed la Biblia!
Vuestro papa Francisco

Magisterio Papal
Pbro. Lic. Martín Eduardo Hernández Baeza
Director de la revista y responsable de CODIPACS

La Biblia, su división, sus libros y sus lenguas

1. Hay muchas Biblias distintas.
¿Cuál es la buena?

Encontramos en las librerías decenas de títulos distintos: La Biblia de los mormones, La Biblia del pueblo, La Biblia de los gedeones, La Biblia latinoamericana, La Biblia de los Testigos de Jehová, La Biblia de Jerusalén y muchas más.

Esto se debe a dos motivos:
Personas de buena voluntad, que acordes con lo dictado por la Iglesia, han hecho traducciones y adaptaciones a los diferentes lenguajes, para hacer más accesible la Palabra de Dios a todos los hombres.

Sectas y religiones que han suprimido o retocado lo que no les gustaba, o que han adulterado el mensaje de Dios, al modificar las palabras originalmente escritas por los hagiógrafos.

Para saber si una Biblia es la original
Por todo lo anterior, al comprar una Biblia, es importante revisar que sea la original. ¿Cómo?

1. Verificando quen incluya los 73 libros que aparecen en la siguiente tabla: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

2. Verificando en la contraportada que la Biblia esté aprobada por alguna autoridad de la Iglesia Católica. Esta aprobación aparece con las palabras en latín ‘imprimatur” y “nihil obstat”, que significan: “se puede imprimir” y “nada obstaculiza su impresión”.

3. Asesorándote con algún sacerdote de confianza.

2. División general

La Biblia se divide, ante todo, en dos grandes partes:
Antiguo Testamento
Nuevo Testamento, ambos relacionados entre sí.
La palabra latina testamentum -de donde viene la palabra española testamento- fue empleada al principio de la era cristiana, para traducir la voz griega: diatheké, que literalmente significaba disposición, contrato.
A su vez, los traductores griegos, llamados los Setenta, la usaron para traducir la expresión hebrea berit = pacto de soberanía, por medio de la cual designaban los hebreos la Alianza del Sinaí. Lo importante es que el término Testamento ha quedado para designar, hasta nuestros días, la división de las Escrituras.

3. División numérica de la Biblia

Dos grandes religiones se rigen por las enseñanzas de la Biblia: la judía y la cristiana, la cual está integrada por católicos, ortodoxos y diferentes denominaciones.
Los judíos sólo aceptan, como es claro, lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento y lo dividen en tres grandes partes: “La Ley, los Profetas y otros escritos sagrados”. Está compuesta por 39 libros.
Para los católicos, la Biblia –Antiguo y Nuevo Testamento– está formada por 73 libros: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Los protestantes de las principales denominaciones, sólo aceptan una lista bíblica de 66 libros: 39 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo.
Como se ve, la diferencia entre católicos y protestantes se encuentra, no en el canon o lista de los libros del Nuevo Testamento, sino del Antiguo.

4. Unidad de ambos Testamentos

El Antiguo y Nuevo Testamento se complementan mutuamente. Su interrelación es tan completa, que el primero explica el segundo y viceversa.
Sólo a la luz del Antiguo Testamento se alcanza a comprender el primero; y sólo a la luz del Nuevo Testamento, nos damos cuenta de lo que el Antiguo quiso decir.
Con razón, Cristo les decía a sus oyentes: “Investigad las Escrituras y así comprobarán que Moisés habla de mí” (Jn 5, 39-45). Y san Lucas, relatando el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, dice que Jesús “empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó todo lo que había sobre Él en las Escrituras” (Lc 24, 25-27). De igual manera, san Mateo en sus tres primeros capítulos.
5. El Antiguo Testamento…
¿pasado de moda?

No necesariamente lo viejo se convierte en inservible. Hay cosas como las monedas, los muebles finos o los sellos de correo, que aumentan de valor conforme pasa el tiempo.
El Antiguo Testamento tuvo como fin preparar la venida de Cristo, pero no pasó de moda con su llegada. Jesús no vino a abolir lo que estaba escrito, sino a perfeccionarlo.
Por tanto, no podemos prescindir de los libros del Antiguo Testamento. Todos son libros revelados por Dios y en ellos, aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, encontramos el testimonio de la pedagogía divina, enseñanzas maravillosas acerca de Dios, sabiduría acerca del hombre, tesoros de oración. En ellos está escondido el misterio de nuestra salvación.
En el Nuevo Testamento está plasmada la verdad definitiva de la Revelación divina. Su objeto central es Jesucristo, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y su resurrección.
También nos narra los comienzos de la Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo.
Para entender plenamente el mensaje que Dios nos da en el Nuevo Testamento, es indispensable leerlo en relación con el Antiguo.
Toda la Sagrada Escritura es una sola Revelación, un solo mensaje divino que Dios quiere comunicar al hombre, y no la podremos entender si la escuchamos en forma fragmentada.
Podríamos comparar la Biblia con una cinta magnetofónica grabada en estéreo: Para escucharla, usaremos un aparato con dos bocinas: una es el Antiguo Testamento y la otra es el Nuevo Testamento. Puedes escuchar la cinta con una sola bocina, pero no oirás la música completa, sino sólo los sonidos graves o sólo los agudos; sólo los instrumentos o sólo las voces. Para escuchar la música tal como la compuso el autor, deberás conectar las dos bocinas y entonces disfrutarás del sonido integral de la composición.
Para entender en toda su integridad el mensaje de Dios en las Sagradas Escrituras, es necesario leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo y leer el Nuevo Testamento a la luz del Antiguo.
La Iglesia ha descubierto una tipología que reconoce en las obras de Dios en la Antigua Alianza, prefiguraciones de lo que haría Cristo en la Nueva.
En el Antiguo Testamento está escondido el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento se hace manifiesto en el Nuevo. Ambos se esclarecen mutuamente y, por tanto, son inseparables.
6. Textos originales y copias

No existen los textos bíblicos autógrafos, escritos por la propia mano del autor del libro de los Jueces, o de la Sabiduría, o de Marcos, o de Filemón, etc. Esto no debe asustarnos, ya que tampoco se conservan los originales de las grandes obras literarias y filosóficas de la antigüedad (éstas últimas obras tienen pocos testimonios textuales, y a veces con diferencias de unos diez siglos o más entre el original y las primeras copias).
Cuando en ocasiones se habla de “originales”, se refiere a las lenguas en que originalmente fueron escritos. Por ejemplo, se dice: la traducción de esta Biblia se hizo de los originales, es decir, de las lenguas originales, hebreo, arameo y griego, según el caso.
7. Copias manuscritas
Material

En la antigüedad, para escribir algunas cosas se usaban las tablillas de arcilla, las ostraka o pedazos de cerámica rota, las piedras, los cilindros y las estelas.
Para copiar un libro de la Biblia o toda ella, este material no se utilizaba, pues sólo podía aprovecharse para textos breves. El material empleado para la copia de la Biblia fue de dos tipos: el papiro y el pergamino.
El papiro (usado en Egipto desde el año 3,000 antes de Cristo). Es una planta acuática –caña o junco- que se da sobre todo en el Delta del Nilo. Se abría primero el tallo de la planta y luego se prensaba; las láminas así obtenidas se entrecruzaban, se aplastaban y se secaban. Era el material más común, pero a la vez el más frágil. Por lo regular se escribía sólo por la parte interior. Se han conservado muchos papiros de Egipto gracias a su clima seco.
Constituyen el testimonio más antiguo en el ámbito de manuscritos bíblicos. El pergamino se forma con la piel de ciertos animales (ovejas, corderos), preparada con una técnica especial perfeccionada en Pérgamo, al norte de Éfeso, hacia el año 100 después de Cristo. Parece que fue muy difundido por los persas.
En el Nuevo Testamento tenemos un testimonio de su uso en 2 Tim 4, 13: “Cuando vengas, tráeme el abrigo que dejé en Tróada, en casa de Carpo, y los libros, en especial, los pergaminos”.
Del siglo IV después de Cristo en adelante fue muy común. Es un material mucho más resistente, pero, a la vez, más caro. Por eso, algunos manuscritos en pergamino fueron raspados por completo para que pudieran ser utilizados de nuevo formato.
El rollo es una larga tira de papiro o piel, reforzada en las extremidades con dos varas que servían para enrollarla (Cfr. Lc 4, 16-20; Jr 36). Aún en nuestros tiempos, los judíos utilizan los rollos. El códice o libro ordinario (más común en pergaminos) fue empleado por los cristianos desde el siglo II; pero por los judíos, más tarde, parece que a partir del siglo VII. Los códices griegos se distinguen en unciales o mayúsculos y minúsculos.

Los primeros son de letras mayúsculas continuas, más difíciles de leer por no haber separación entre las palabras; estuvieron en boga hasta el siglo X u XI; hay un poco más de 250 de ellos. Los segundos son de letras minúsculas, más fáciles de leer porque se da la separación entre las palabras. Empiezan a utilizarse a partir del siglo IX después de Cristo y se multiplican desde el siglo XI; son alrededor de 2 mil 600.

8. Lenguas en que se escribió la Biblia

Para la composición de la Biblia se emplearon tres lenguas: la hebrea, la aramea y la griega.
En hebreo se escribió casi todo el Antiguo Testamento. Era la lengua propia del Pueblo de Israel. Su origen es bastante oscuro. Parece que comenzaron a hablarla los cananeos y después la adoptaron los israelitas a partir de su estancia en Canaán.
En Arameo, lengua más antigua que el hebreo, se escribieron pocas cosas. Se pueden citar algunos capítulos de Esdras, Jeremías, Daniel y Mateo. El arameo comenzó a introducirse en Israel hacia los siglos IV y III antes de Cristo y tomó tanto fuerza, que llegó a suplantar a la lengua hebrea. Incluso Jesús hablaba con el pueblo en uno de los dialectos arameos.
En griego fueron escritos algunos libros del Antiguo Testamento, como el de la Sabiduría, 2 Macabeos y todos los del Nuevo Testamento menos el Evangelio de san Mateo. Este griego no era un griego clásico, como era por ejemplo el de Demóstenes, sino un griego popular, vulgar y corriente, llamado Koiné = común, que usaba el hombre de la calle. Se generalizó después de la conquista en Grecia por Alejandro Magno.

9. Versiones de la Biblia

Hay que decir que, con el correr de los tiempos, se han hecho innumerables versiones de la Biblia. Entre las más antiguas –que son las que interesan más- hay dos muy importantes: la de los “Setenta” y la Vulgata.
La versión de los Setenta. Según una tradición, fue realizada por 70 sabios de Israel. Su elaboración, entre los siglos III y I antes de nuestra era, estuvo destinada a los judíos de la Diáspora o de la dispersión, es decir, para el culto de las comunidades judías que vivían en el mundo grecorromano, especialmente de Alejandría y que ya habían olvidado la lengua hebrea, o quizá mejor, con el fin de que pudieran propagarla en la griega. En cualquier caso, esta traducción fue importante para los judíos que hablaban el griego y que más tarde se extendió por los países mediterráneos, preparando así el ambiente para el Evangelio.
La versión de la Vulgata. Esta versión fue hecha en latín por san Jerónimo en el siglo IV en Belén. Partió de una necesidad, como la de los Setenta. Durante los dos primeros siglos se utilizaba en la Iglesia el griego popular, que era el que se hablaba en el imperio romano. Pero en el siglo III, se fue imponiendo el latín en Occidente. Por esa razón la tradujo san Jerónimo al latín. De ella se han sacado muchas ediciones hasta nuestros días, desde que el Concilio de Trento la reconoció solemnemente como la versión oficial latina sin negar por eso, el valor de otras versiones.
10. La Sagrada Escritura es muy
valiosa para la vida de la Iglesia

Como la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios viva, sabemos que su poder y su fuerza para los cristianos es enorme. La Sagrada Escritura, junto con la Eucaristía, es la que da sustento y vigor a la vida de la Iglesia, asegura la firmeza de la fe, es alimento del alma y fuente de vida espiritual
La Sagrada Escritura debe ser el alma de la teología, de la predicación pastoral, de la catequesis, de la instrucción cristiana. Sólo así aseguraremos en estas actividades, la presencia de Jesucristo, la Palabra, y por tanto, los frutos de santidad de las mismas. Invitando a Cristo a que nos acompañe en estas acciones, no nos quedaremos en lo humano. Él mismo se encargará de santificar cada palabra que digamos para darse a conocer a todos los hombres.
La Iglesia recomienda la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, ya que desconocerla es desconocer a Cristo.

Conociendo las Escrituras
Pbro. Lic.Edmundo de la Vega
Licenciado en Teología Bíblica
y Vicario de San José