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Santa Rita de Casia

Santa Rita nació en 1381 junto a Casia, su segunda patria, en la hermosa Umbría, tierra de Santos: Benito, Escolástica, Francisco, Clara, Angela, Gabriel… Santa Rita pertenece a esa insigne pléyade de mujeres que pasaron por todos los estados: casadas, viudas y religiosas. Por otra parte, pocos santos han gozado de tanta devoción como Santa Rita, Abogada de los imposibles. Su pasión favorita era meditar la Pasión de Jesús.
Los antiguos biógrafos esmaltan su infancia de prodigios sin cuento. Lo cierto es que fue una niña precoz, inclinada a las cosas de Dios, que sabía leer en las criaturas los mensajes del Creador. Su alma era una cuerda tensa que se deshacía en armonías dedicadas exclusivamente a Jesús.
Sentía desde niña una fuerte inclinación a la vida religiosa. Pero la Providencia divina dispuso que pasara por todos los estados, para santificarlos y extender la luz de su ejemplo y el aroma de su virtud. Fue un modelo extraordinario de esposa, de madre, de viuda y de monja.
Por conveniencias familiares se casa con Pablo Fernando, de su aldea natal. Fue un verdadero martirio, pues Pablo era caprichoso y violento. Rita acepta su papel: callar, sufrir, rezar. Su bondad y paciencia logra la conversión de su esposo. Nacen dos gemelos que les llenan de alegría. A la paz sigue la tragedia. Su esposo cae asesinado, como secuela de su antigua vida. Rita perdona y eso mismo inculca a sus hijos. Y sucede ahora una escena incomprensible desde un punto de vista natural. Al ver que no puede conseguir que abandonen la idea de venganza, pide al Señor se los lleve, por evitar un nuevo crimen, y el Señor atiende su súplica.
Vienen ahora años difíciles. Su soledad, sus lágrimas, sus oraciones. Intenta ahora cumplir el deseo de su infancia; ser religiosa. Tres veces desea entrar en las Agustinas de Casia, y las tres veces es rechazada. Por fin, con un prodigio que parece arrancado de las Florecillas, se le aparecen San Juan Bautista, San Agustín y San Nicolás de Tolentinoy en volandas es introducida en el monasterio. Es admitida, hace la profesión ese mismo año de 1417, y allí pasa 40 años, sólo para Dios.
Recorrió con ahínco el camino de la perfección, las tres vías de la vida espiritual, purgativa, iluminativa y unitiva. Ascetismo exigente, humildad, pobreza, caridad, ayunos, cilicio, vigilias. Las religiosas refieren una hermosa Florecilla. La Priora le manda regar un sarmiento seco. Rita cumple la orden rigurosamente durante varios meses y el sarmiento reverdece. Y cuentan los testigos que aún vive la parra milagrosa.
Jesús no ahorra a las almas escogidas la prueba del amor por el dolor. Rita, como Francisco de Asís, se ve sellada con uno de los estigmas de la Pasión: una espina muy dolorosa en la frente. Hay solicitaciones del demonio y de la carne, que ella calmaba aplicando una candela encendida en la mano o en el pie. Pruebas purificadoras, miradas desconfiadas, sonrisas burlonas. Rita mira al Crucifijo y en aquella escuela aprende su lección.
La hora de su muerte nos la relatan también llena de deliciosos prodigios. En el jardín del convento nacen una rosa y dos higos en pleno invierno para satisfacer sus antojos de enferma. Al morir, la celda se ilumina y las campanas tañen solas a gloria. Su cuerpo sigue incorrupto.
Cuando Rita murió, la llaga de su frente resplandecía en su rostro como una estrella en un rosal. Era el año 1457. Así premiaba Jesús con dulces consuelos el calvario de su apasionada amante. Leon XIII la canonizó el 1900.

VIDA DIOCESANA
Ángel Rodríguez Hernández
Colaborador de Codipacs

Jóvenes: ¡Hablen con valentía y escuchen con humildad!

El lunes 19 de marzo inició en Roma un encuentro muy especial. Unos 340 jóvenes de todo el mundo, incluso protestantes y ateos, se encontraron en la reunión Pre-Sinodal en preparación para el Sínodo de los obispos del mes de octubre cuyo tema es: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Más de 15 mil se unieron a través de las redes sociales, respondiendo y comentando 15 preguntas que la Iglesia les lanzó a los jóvenes del mundo sobre su identidad, sobre su fe en Cristo y la Iglesia, así como su visión del futuro. El lema del encuentro fue: Hablemos juntos (We talk together).
El viernes 24, después de un arduo trabajo en 20 grupos lingüísticos y casi sin dormir, terminaron un documento que entregaron al Papa Francisco que se unirá al material para ser enviado a todas las diócesis del mundo, en preparación al Sínodo de los obispos de octubre. Siendo un encuentro de obispos, ha querido el Papa primero escuchar a los jóvenes, para no intentar dar respuestas a preguntas que los jóvenes no se hacen. Ya desde su primera intervención invitó a todos los representantes que hablaran con valentía y que escucharan con humildad.
Quiero compartirles algunos elementos que creo reflejan lo que los jóvenes quieren decirnos a toda la Iglesia, y que quedaron plasmados en ese documento que está publicado en internet como “Documento Reunión Pre-Sinodal.” Tiene 3 partes:
-Primera: DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES DE LOS JÓVENES EN EL MUNDO ACTUAL: Formación de personalidad, La relación con la diversidad, Los jóvenes y el futuro, La relación con la tecnología, La búsqueda del sentido de la existencia.
-Segunda: FE Y VOCACIÓN, DISCERNIMIENTO Y ACOMPAÑAMIENTO: Los jóvenes y Jesús, La fe y la Iglesia, El sentido vocacional de la vida, El discernimiento vocacional, Los jóvenes y el acompañamiento.
-Tercera: LA ACCIÓN EDUCATIVA Y PASTORAL DE LA IGLESIA: Estilo de Iglesia, Jóvenes protagonistas, Lugares a privilegiar, Iniciativas a reforzar, Los instrumentos a utilizar (Multimedia, Experiencias anuales periódicas, Las Artes y la Belleza, Adoración, meditación y contemplación, Testimonio y El proceso sinodal).
Vale la pena destacar que la identidad del joven también se forma por nuestras relaciones externas y pertenencia a grupos específicos, asociaciones y movimientos activos también fuera de la Iglesia. A veces, las parroquias ya no son lugares de conexión. Reconocemos el rol de educadores y amigos, por ejemplo, líderes de grupos juveniles que pueden llegar a ser para nosotros buenos ejemplos. Necesitamos encontrar modelos atractivos, coherentes y auténticos. Necesitamos explicaciones racionales y críticas para los asuntos complejos.
Algunos hoy consideran la religión un asunto privado. A veces, sentimos que lo sagrado resulta lejano de nuestra vida cotidiana. La Iglesia suele aparecer como demasiado severa y excesivamente moralista. En otras ocasiones, en la Iglesia, es difícil superar a la lógica del “siempre se ha hecho así”. Necesitamos una Iglesia acogedora y misericordiosa, que aprecie sus raíces y patrimonio y que ame a todos, incluso a aquellos que no siguen los estándares. Muchos de los que buscan una vida en paz acaban entregándose a filosofías o experiencias alternativas.
Sobre la relación con Jesús: Una forma de superar la confusión que los jóvenes tienen con respecto a quién es Jesús, implica un volver a las Escrituras para comprenderlo más profundamente en su vida y en su humanidad. Los jóvenes necesitan encontrarse con la misión de Cristo, no con lo que pueden percibir como una expectativa moral imposible. No obstante, se sienten inseguros sobre cómo hacerlo. Este encuentro necesita ser fomentado en los jóvenes y abordado por la Iglesia.
Un estilo de Iglesia diferente. “Los jóvenes de hoy anhelan una Iglesia que sea auténtica. Queremos decir, especialmente a la jerarquía de la Iglesia, que debe ser una comunidad transparente, acogedora, honesta, atractiva, comunicativa, asequible, alegre e interactiva.
Una Iglesia creíble es aquella que no tiene miedo de mostrase vulnerable. La Iglesia debe ser sincera en admitir sus errores presentes y pasados, que sea una Iglesia conformada por personas capaces de equivocarse y de hacer malinterpretaciones. La Iglesia debe condenar acciones tales como los abusos sexuales y los males manejos de poder y dinero. La Iglesia debería continuar a fortalecer su posición de no-tolerancia hacia los abusos sexuales dentro de sus instituciones; y su humildad sin duda aumentará su credibilidad frente al mundo juvenil. Si la Iglesia actúa de esta manera, entonces se diferenciará de otras instituciones y autoridades de las cuales los jóvenes, en su mayoría, ya desconfían”.
Seguir en diálogo: la Iglesia “joven” y la Iglesia “vieja”, en el proceso sinodal. “Hemos estado muy emocionados al ser tomados en cuenta por la jerarquía de la Iglesia y sentimos que este diálogo entre la “joven” y la “vieja” Iglesia es un proceso vital y fecundo de escucha. ¡Sería una pena si este diálogo no tuviera la posibilidad de continuar y crecer! Esta cultura de la apertura es extremamente saludable para nosotros”. Esta reflexión nos lleva a seguir impulsando a nuestros jóvenes. Un signo de unidad será la Vigilia de Pentecostés que haremos el sábado 19 de mayo con todos los jóvenes.

Pastoral Juvenil
Pbro. Lic. Leonel Larios
Licenciado en Comunicación

Participar para transformar

MENSAJE DE LOS OBISPOS MEXICANOS
CON MOTIVO DEL PROCESO ELECTORAL 2018
Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia que peregrina en México:
1. Participar en la vida cívica y política de nuestras comunidades es una obligación ciudadana y cristiana que no podemos ni debemos obviar. Sólo participando podemos transformar positivamente nuestra nación, en fidelidad a sus orígenes y a su destino histórico.
Durante el presente año se realizarán elecciones en las que se renovarán más de 3 mil cargos públicos en entidades federativas, incluyendo al Presidente de la República, a los Senadores, a los Diputados federales, a 9 gobernadores, a más de 1000 alcaldes y una parte importante de los diputados locales. Sin embargo, lo más relevante es que cerca de 90 millones de mexicanos, mayores de 18 años, podremos emitir nuestro voto de manera libre y secreta.
A continuación deseamos compartirles algunos elementos que ayuden al discernimiento personal y comunitario que cada fiel cristiano está llamado a hacer para cumplir con la obligación moral de elegir a sus gobernantes y legisladores.
2. En la actualidad, como en otros momentos debemos recordar que “en las situaciones concretas, y teniendo siempre en cuenta la solidaridad que nos es debida, es necesario reconocer una legítima variedad de opciones [políticas] posibles. Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes.” (Cfr. Paulo VI, Octogesima Adveniens, 50). Esto quiere decir que la fe cristiana trasciende las propuestas políticas concretas y deja en libertad a los fieles, para que elijan en conciencia de acuerdo a los principios y valores que han descubierto en la experiencia de la fe.
Jesucristo, núcleo central de nuestra fe, nos revela verdades fundamentales que también son accesibles a la razón humana y que ayudan a que la vida de todos sea más digna y libre: el respeto que merecen las personas desde el momento de la fecundación y hasta la muerte natural; la importancia del matrimonio heterosexual y monogámico; la vigencia de la más plena libertad para vivir de manera individual y asociada de acuerdo a nuestras opciones en conciencia en materia religiosa; la centralidad ética y social que poseen los más pobres y excluídos de nuestras sociedades, etcétera.
3. En el escenario concreto que vivimos, cuando los valores fundamentales palidecen, es preciso hacer el esfuerzo de un discernimiento crítico que nos permita optar en conciencia por quienes puedan realizar en lo posible el auténtico bien común. Por lo que exhortamos, a todos los cristianos y personas de buena voluntad, a:
• PARTICIPAR CÍVICAMENTE: entre más ciudadanos participen organizadamente en las elecciones, más posibilidades habrá de que nuestra sociedad madure y sea corresponsable en la gestión del bien común. Todos debemos alentar la participación.
• ORAR EN FAMILIA Y EN COMUNIDAD: para que la próxima jornada electoral se realice, en paz y armonía, y sea al mismo tiempo, una gran ocasión para que desde la fe todos podamos mostrar nuestro compromiso con México, es decir, con el pueblo real, que hoy se encuentra, en diversas regiones y en difíciles circunstancias, sufriendo.
• BUSCAR EL “BIEN POSIBLE”: hay que evitar a toda costa elegir en base al “mal menor”. En la enseñanza de la Iglesia el mal moral no puede ser elegido nunca ni como fin ni como medio. El principio del “mal menor” sólo aplica cuando los males en juego son de orden físico, no moral.
En contextos complejos e imperfectos lo que debe imperar es la búsqueda del “bien posible” que aunque sea modesto, todos estamos obligados a procurar. En un proceso electoral como el que tendremos, esto significa que la conciencia cristiana debe discernir cual de las opciones puede generar un poco más de bien, tomando en cuenta la complejidad de las circunstancias. Hacer el “bien posible” significa impulsar lo que aporte al bien común, a la paz, a la seguridad, a la justicia, al respeto a los derechos humanos, al desarrollo humano integral y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos.

• ELEGIR A LAS PERSONAS: en todos los partidos podemos encontrar personas más o menos comprometidas con el bien común. Por ello, es necesario discernir por quién votar. Lo prudente y responsable es buscar para cada puesto de elección popular a la persona más idónea y no dejarnos manipular para que votemos en bloque por un solo tipo de propuesta, de manera irreflexiva y mucho menos bajo alguna modalidad de “compra de voto”. Entre más libertad exista al momento de elegir, más capacidad tendremos al momento de exigir.

• EL MÉXICO QUE QUEREMOS ES POSIBLE: y requiere fundamentalmente de un gobierno que trabaje con honestidad y eficacia; pero también, de ciudadanos participativos que den seguimiento a los procesos de Justicia, Fraternidad y Paz. El voto de los mexicanos, debe producir Gobernantes y autoridades responsables; y generar una opinión cívica crítica. Pues en el ejercicio ordinario de los funcionarios, nuestro voto exige el sano control sobre nuestros políticos: en su remuneración y gratificaciones, en los gastos de partidos y publicidad, en los proyectos y obras públicas, en el control de la corrupción, la ilegalidad y la eliminación de arbitrariedades.

4. Sólo la presencia participativa, de manera constante y solidaria en la vida de nuestro país, destierra gradualmente la violencia, la corrupción, la impunidad y el compadrazgo. Es tiempo de que los católicos, acompañados de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, trabajemos comprometidamente por un México más próspero y pacífico, más solidario y participativo, más atento al rostro de los más pobres y menos cómplice de quienes los olvidan, los manipulan o los marginan.

5. Santa María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive y Patrona de nuestra libertad, interceda por nosotros, para que trabajemos sin desfallecer por la unidad y soberanía de nuestro pueblo; por la promoción y defensa de nuestras comunidades y familias; y por reintegrar en su dignidad a todos aquellos, hermanos nuestros que hayan sufrido alguna vejación, discriminación o inequidad. Que Ella preserve la paz en nuestra Patria, nos dé buenos gobernantes y nos permita descubrir los caminos de justicia, reconciliación y esperanza por los que como sociedad debemos transitar desde el momento presente.
Por los obispos mexicanos.
Ciudad de México, a 19 de marzo de 2018.

FAKE NEWS Y PERIODISMO DE PAZ LA VERDAD OS HARÁ LIBRES (JN 8,32)

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Queridos hermanos y hermanas:
En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.
Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.
Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?
«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.
La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.
La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

2. ¿Cómo podemos reconocerlas?
Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.
Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.
La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.
De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.
Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)
La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).
Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).
Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

4. La paz es la verdadera noticia
El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.
Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.
Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:
Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos; donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.
Amén.

Vaticano, 24 de enero de 2018
Francisco

¡Los ojos puestos en Pentecostés!

Lo sabemos, Pentecostés es la gran fiesta del Espíritu Santo. Pero no es improvisada, como una fecha fija en el calendario, sino es la consecuencia de toda una preparación que dura más de tres meses. Efectivamente, comienza desde la cuaresma, pasa por la Semana Mayor con la tremenda vivencia del Misterio Pascual (la muerte y resurrección del Señor), triunfo sobre el pecado y sobre la muerte, victoria que se goza durante todo el tiempo pascual (cincuenta días) y llega al momento culminante, la cosecha, la consecuencia de todo lo vivido: recibir el Espíritu Santo.
A los apóstoles eso les pasó: cincuenta días después de la cruz y haber convivido con el Resucitado, allá en el cenáculo les irrumpió el Espíritu Santo. Y allí cambió todo. El Espíritu del Señor los cambió interiormente, los iluminó, los santificó, les dio alegría y una fuerza y valentía incontenible para llevar el evangelio a toda creatura.
Y San Pedro dijo en aquél primer discurso evangelizador: “esta promesa es para ustedes” (Hech 2,39). ¿Cuál? ¡La del Espíritu Santo! El fruto exquisito, emanado como un grato perfume reconfortante de la cruz de Cristo fue el Espíritu Santo. San Juan lo dice con profundidad, al afirmar que al punto que Jesús muere “entregó el Espíritu” (Jn 19,30).
Y a partir de entonces lo derrama siempre sobre nosotros, sobre su Iglesia. Porque esta promesa es para nosotros, que nos enviaría su Santo Espíritu.
Pero ¿hace falta que venga el Espíritu Santo otra vez? ¿El mundo de hoy lo necesita? ¿Todavía tiene algo que decirnos el Espíritu Santo?
Con contundencia hay que reconocer que hoy más que nunca necesitamos la fuerza transformadora del Espíritu Santo. No solo porque tenga algo todavía que decir, sino porque tiene TODO por decirnos. Un ejemplo entre mil: Estamos en una época cuya capacidad de comunicación no tiene precedentes, todos tenemos un celular en las manos, todos sabemos todo y de todo, basta activar la aplicación pertinente. Pero, siendo tan expedita la comunicación, sin embargo ha generado el aislamiento, la soledad, y aún el egoísmo, sin relaciones personales serias nutritivas, Hay comunicación, pero no hay comunión. Y el Espíritu Santo es COMUNIÓN. Al interior de la Trinidad, y para la comunidad de fe. Es el Espíritu Santo el que hace la comunidad, fortalece las relaciones personales porque Él es Relación Personal con el Padre, con el Hijo, ¡y con nosotros, para nosotros y entre nosotros!
Lo necesitamos. Las computadoras son tan sofisticadas hoy que nos ayudan a manejar infinita información, para razonar, construir el pensamiento, profundizar en la reflexión. Se dice que llegará un día, quizá no lejano, en que una computadora será capaz de pensar por sí sola. Quizá. Pero lo que sí es claro es que si una computadora llegara a pensar, nunca habrá una que llegue a amar, eso jamás lo podrá hacer, amar. Y la esencia de la vida es amar, lo que da sentido a la vida es amar. Y por más avances que tengamos, sólo el Amor vertebra y da sentido a la vida. Y eso es el Espíritu Santo, es el AMOR, es Dios amor, es el amor entre el Padre y el Hijo. (El Padre es el amante, el Hijo es el amado y el Espíritu Santo es el amor). Entonces, a la pregunta de si necesitamos el Espíritu Santo, la respuesta es contundente: Necesitamos el amor, el de Dios.
En un mundo tan inhumano, injusto, donde se olvida lo esencial, que es amar de verdad, en un mundo frio como el hielo, necesitamos el fuego del Espíritu Santo.
Y la gran noticia es que ¡Va a venir! ¡Vendrá en Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo! Una vez más se derrama sobre nosotros, superabundantemente.
Nos queda la esperanza, o sea, el deseo confiado de recibir este poderoso Señor, dador de vida. Por eso, en este momento el gran pregón, el grito esperanzado es ¡los ojos puestos en Pentecostés! Porque de que va a venir, seguro que vendrá. ¡Que no te encuentre distraído!

Monseñor Eduardo Carmona Ortega
Obispo de la Diócesis de Parral

Vivamos la Semana Santa

La Semana Santa o Semana Mayor está formada por los últimos días de la Cuaresma (del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor a la Misa en la Cena del Señor exclusive) y el Triduo Pascual de la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor, que comienza con la Misa vespertina de la Cena del Señor, el Jueves Santo, tiene su centro en la Vigilia Pascual y acaba con las Vísperas del Domingo de Resurrección.
Este conjunto de ocho días encierra un gran número de celebraciones ligadas a los diferentes momentos de la Pasión y glorificación de Jesús. Estos actos proceden del desglose de la primitiva y única celebración pascual cristiana que tenía lugar la noche del sábado al domingo Pascual con la iniciación de los nuevos cristianos; entonces se celebraba el misterio de muerte y vida que encierra esta fiesta, y la misma hora de la liturgia, de la noche al día, servía de ambientación. Sin embargo, tras dar libertad a la Iglesia a comienzos del siglo IV, el Emperador Constantino y su madre Santa Elena dispusieron la construcción de grandes basílicas o de sencillas ermitas sobre los lugares donde real o supuestamente habían ocurrido los momentos más importantes de la vida de Jesús; la práctica siguió incrementándose y los peregrinos llegados a Tierra Santa querían, sobre todo, visitar los santos lugares de la Pasión del Señor. De aquí vino también el organizar celebraciones en estos lugares y en el mismo día y hora en que ocurrieron.
Nació así en Jerusalén la Semana Santa y los peregrinos extendieron este uso por todas las Iglesias; la Vigilia Pascual perdió entonces ante los fieles la consideración de memoria de la muerte de Cristo, celebrándose sólo la resurrección y perdiéndose la unidad del Misterio Pascual; lo que no debe ocurrir, porque en cada acto se celebra siempre a Cristo, muerto y resucitado.
Estas celebraciones no son simples recuerdos o escenificaciones teatrales porque, como enseña el Concilio Vaticano II: «La santa madre Iglesia… conmemorando así los misterios de la redención abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, esos misterios se hacen presentes en todo tiempo para que los fieles puedan ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación» (Sacrosanctum Concilium n.º 102).
Estas celebraciones reciben con la mayor propiedad el nombre de «misterio litúrgico» y de «misterios o sacramentos pascuales». La palabra misterio no quiere decir algo indescifrable, sino que designa el plan salvífico de Dios, su realización en la historia del pueblo de Israel y, llegada la plenitud de los tiempos, en los principales acontecimientos de la vida de Jesucristo, en particular en su muerte y resurrección; y luego quiere decir también la actualización de tal obra salvífica en la Iglesia y en las acciones sagradas de su liturgia; pero, como la salvación realizada en Cristo no fue otra cosa que la Pascua de su muerte y resurrección reales, la liturgia será la actualización de la Pascua por medio del misterio, o sea, por medio de signos reales y eficaces.
En una reconstrucción litúrgica de los últimos días de Jesús, el Domingo de Ramos recordamos su entrada en Jerusalén y el conjunto de la Pasión; el lunes, martes y miércoles santos hacemos memoria respectivamente de la unción en Betania, del anuncio de la traición de Judas y del hecho mismo de la traición. El jueves se celebra la Eucaristía queriendo revivir el ambiente de la Última Cena y se vela en oración acompañando a Jesús en Getsemaní. El viernes está dedicado al misterio de la Cruz y la muerte gloriosa de Cristo. El sábado es el día del silencio ante la sepultura de Jesús, y el domingo, finalmente, en la noche santa que lo inicia, es la celebración integral del Misterio Pascual, con particular énfasis en el triunfo del Señor sobre la muerte. Esta es la Semana Santa y el Triduo santo pascual, punto culminante de todo el año litúrgico. La preeminencia que tiene el domingo en la semana, la tiene la solemnidad de Pascua en el año litúrgico.

Pbro. Lic Roberto Tarín Arzagas
LIC. EN FILOSOFÍA Y PÁRROCO DE SANTA BÁRBARA