El Acto Penitencial

Dentro de los ritos iniciales de la misa, tras el saludo del sacerdote a la Asamblea, se realiza el acto penitencial. Este acto tiene el sentido de manifestar el sentimiento que tiene la Iglesia de ser comunidad de pecadores. Sirve para valorar la realidad del pecado, crecer en espíritu de penitencia, y considerar la misericordia de Dios. Y nosotros, los cristianos, antes que nada, «para celebrar dignamente estos sagrados misterios», debemos solicitar de Dios primero el perdón de nuestras culpas.

Los que frecuentamos la eucaristía hemos de ser los más convencidos de esa condición nuestra de pecadores, que en la misa precisamente confesamos: «por mi gran culpa». Y por eso justamente, porque nos sabemos pecadores, por eso frecuentamos la eucaristía, y comenzamos su celebración con la más humilde petición de perdón a Dios. Y para recibir ese perdón, pedimos también «a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos», que intercedan por nosotros.

Haciendo un poco de historia digamos que el acto penitencial, al inicio de la misa, es una novedad del Misal del Concilio Vaticano II. El acto penitencial se deriva de las devociones privadas del celebrante; al principio las decía el celebrante mientras iba de la sacristía al altar, más tarde empezó a recitarlas delante del altar mientras la asamblea ejecutaba el canto de entrada. Las misas dialogadas, introducidas a principios del siglo XX y después popularizadas, influyeron en que el acto penitencial fuera considerado cada vez más como acto comunitario. En realidad, en la antigüedad nunca existió al inicio de la misa y cuando nace, en la Edad Media, aparece como una devoción personal del celebrante. Este acto se hizo comunitario en el Misal de Pablo VI.

En las misas dominicales, especialmente en el tiempo pascual, el acto penitencial se puede sustituir por la aspersión de agua bendita, evocando el bautismo.

Hoy, el acto penitencial, forma parte del Ordinario de la Misa y a nadie le es lícito omitirlo por iniciativa propia. Asimismo, el acto penitencial es simplemente uno de los ritos introductorios y no una verdadera parte de la Misa.

¿Cómo se estructura? El acto penitencial, que consta de tres partes, tiene a su vez tres formularios. El sacerdote siempre lo introduce y lo concluye.

En la primera fórmula, se comienza con una invitación por parte del presidente a los fieles para que se examinen y reconozcan pecadores. El sacerdote dice: “Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados”. Sigue un momento de silencio, que es importante y forma parte de este acto. A continuación viene la petición de perdón, que se expresa con la oración “Yo confieso ante Dios todopoderoso” con el gesto de un golpe de pecho al decir: Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. En el anterior rito eran tres golpes; ahora basta con uno.

El tercer momento es la absolución, que no tiene carácter sacramental, sino que expresa un deseo de perdón de Dios. El sacerdote implora: “Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna”. No debemos olvidar que la más genuina tradición litúrgica es que nuestros pecados leves se perdonan escuchando de corazón la Palabra de Dios y participando en el banquete eucarístico, tal como la OGMR en su nº 51 nos indica, cuando dice que el rito del acto penitencial no tiene la eficacia propia del sacramento de la penitencia. Es decir, es la misa, en su conjunto celebrada y vivida, cuando son perdonados nuestros pecados menores. También, en otros momentos de la misa -el Gloria, el Padrenuestro, el No soy digno- se suplica y se obtiene, el perdón de Dios.

PASTORAL LITURGICA
PBRO. LUIS ENRIQUE ESTRADA DUARTE
ADJUNTO A CATEDRAL Y CEREMONIERO

Jesucristo sumo y eterno sacerdote

No sé si usted se ha preguntado por qué existen los sacerdotes?
El sumo y eterno Sacerdote es Jesucristo, que si bien en el antiguo testamento Dios aparta a los hijos de Aarón (Nm 3 1 ,10), así bien Jesús viene y consuma el sacerdocio y le da el máximo sentido él es el buen pastor (juan 10 1,6) reúne a sus ovejas a lo largo del camino el elige y va preparando a los 12 apóstoles los guía y los enseña, Jesucristo está siempre en relación con su Padre por eso él estaba en constante oración y desde su corazón los llama a seguirlo.

Jesús quiso una iglesia fundada sobre Pedro y es aquí donde tengo que aclarar que somos una iglesia obediente al mandato de Jesucristo porque fue hacia Pedro y los demás Apóstoles a quienes llamó para continuar con su sacerdocio. El sacerdote hasta hoy sigue con el mandato en esa obediencia y por eso ellos tienen el poder de consagrar el pan y el vino. Tienen la unción, con la que se les da este poder, tienen la gracia en el altar de la transustanciación, por la cual  se convierte el pan en el cuerpo de Cristo y es el pan bajado del cielo Jesús está vivo ahí, y  lo más extraordinario de la eucaristía que es comulgar y nutrirse de Jesús mismo!!!

Por eso la investidura y la unción para convertir el pan y el vino solo la tiene los sacerdotes, Jesucristo les da esta potestad a sus apóstoles no se las dio a todo el pueblo, sobre Pedro se fundó nuestra iglesia (Mt 16 ,18).

Porque cuando entendamos que el sacerdote esta sobre el altar en la consagración es el poder de Dios mismo que desciende a la tierra.

Por esa razón Jesús siempre nos invita a esa comunicación con nuestro Padre que es Dios, no hay que olvidarlo porque ahí es donde nuestra vocación se gesta y parte de la comunicación con él.

Si bien Jesús nace en una familia por eso es importante resaltar que la familia es parte fundamental para las vocaciones

Es la invitación  amar nuestra familia, orar por los sacerdotes y por las vocaciones.

VIDA DIOSCESANA
FLOR MUÑOZ PASILLAS

San Francisco de Sales

Nacido en 1567 en Thorens cerca de Annecy (hoy Francia), y perteneciente a una familia de nobles, Francisco de Sales era el hijo mayor de trece hermanos. Comenzó su educación en la escuela capuchina de Annecy, y a la edad de 15 años viajó a la ciudad de París para estudiar en la escuela Jesuita de Clermont.

Al terminar sus estudios en París, San Francisco de Sales fue a la Universidad de Padua, siguiendo la voluntad de su padre, para convertirse en abogado. Sin embargo, no solo estudió leyes, sino que también hizo el Doctorado en Teología, y gradualmente fue alimentando su deseo de convertirse en sacerdote. Solo cuando era ya un hecho cumplido, le participó a su padre esta decisión.

Así, en 1593 fue ordenado sacerdote y gracias a la influencia de su padre, le fue otorgado el cargo de Proboste (superior) de su Capítulo, era una práctica normal darle a los miembros de familias nobles altos cargos eclesiásticos.

Sus cualidades mentales y espirituales lo llevaron a una de las misiones más difíciles; a trabajar en la región de Chablais cerca del lago de Ginebra. El obispo lo envía de misionero a esta región recién regresada al Ducado de Saboya después de 60 años en manos de Calvinistas. Allí al principio es fuertemente rechazado.

Francisco de Sales se destacó por su vocación y compromiso incansable de comunicar la verdad de la fe a través sus escritos sencillos y a mano que los distribuía casa por casa.

Conocido también como el Santo de la Amabilidad, pues consideraba que “la mejor manera de predicar a los herejes es el amor, aún sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas”.

Cada madrugada pasa de casa en casa echando por debajo de la puerta de los hugonotes hojas escritas con las enseñanzas católicas. Y es tal su oración, su sacrificio y su constancia y sabiduría para enseñar, que a los pocos años logra convertir a los 72.000 protestantes de esa región al catolicismo.

San Francisco se ganó la reputación de ser sensible, cortés y un evangelizador exitoso. Como consecuencia de esto, fue nombrado Obispo Coadjutor de Ginebra y posteriormente, Obispo de Ginebra el 8 de Diciembre de 1602.

La visión de su papel como Obispo estaba marcada por los decretos reformistas emanados del Concilio de Trento (1545-1563) así como por la influencia recibida durante su etapa de formación (la espiritualidad Jesuítica entre otras), la vocación a la Virgen María inculcada por su madre, y lo aprendido en su trato con los Calvinistas.

Primordialmente, San Francisco fijó su misión en guiar a las personas a una vida espiritual dentro de una relación íntima con Dios. Muchas de sus prédicas y escritos están guiados hacia este propósito, particularmente a trabajar en dirección a la espiritualidad.

Su trabajo en ese sentido, dio origen a la publicación del gran clásico “Introducción a la Vida Devota”. También publicó otro libro el cual lo hizo merecedor al título de “Doctor de la Iglesia”, llamado “Tratado del amor de Dios”. De la misma manera escribió más de mil cartas espirituales.

VIDA DE SANTIDAD
PBRO. LIC. CÉSAR ALFONSO ORTEGA DÍAZ
RECTOR DE CATEDRAL Y SAN MARTÍN

Pero la misericordia sigue

Hemos despedido el año 2016 y estrenado ya este 2017. Quiera Dios llenarnos de bendiciones en este año que comienza. Verdaderamente es Él quien puede desearnos (darnos) un feliz año nuevo.

El año que terminó se caracterizó en la Iglesia porque vivimos el “Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia” convocado por el Papa Francisco y vivido intensamente en todos los lugares donde se hace presente la Iglesia.

Al terminar ese año Santo de la Misericordia el Papa nos regaló una carta muy bella, llamada “Misericordia et Mísera”, en la que sustancialmente nos da una enseñanza, una consigna: El año santo de la misericordia terminó, pero ¡la misericordia sigue! Pues evidentemente en la Iglesia la misericordia, simplemente, no puede terminar. Es la forma como hemos de continuar viviendo.

El Papa no quiere que caigamos en el error de que la misericordia practicada intensamente este año que terminó fuera algo extraordinario, como un paréntesis en nuestra vida. El Papa quiere asegurarse de que entendamos que fue un intenso entrenamiento para seguir en la línea más nítida y expresiva del evangelio. Pues efectivamente toda la Palabra de Dios y especialmente los evangelios, no son otra cosa que la historia de Dios con nosotros expresada como misericordia.

Así la carta “Misericordia et Mísera” nos lo expresa. Se entienden las dos palabras. De una parte está la miseria, la nuestra, nuestro aporte más humano, y de otra está la misericordia, la de Dios, la de este tremendo amor incondicional que Dios nos tiene y que se hace más fuerte y más osado cuando nos ve pecadores. Que no nos ama más cuando nos arrepentimos, pues ya desde antes nos ama infinitamente, incondicionalmente, siempre.

Así como están las cosas en el mundo, donde parece que el mal vence, el egoísmo gana terreno y la violencia nos atemoriza, pareciera que no hay esperanza. Pero en realidad sí la hay, es Dios fuerte y amoroso que no nos abandona. Sólo que nos pide también que hagamos nuestra parte. y la consigna es demasiado clara: la misericordia.

Hay dos personajes en el evangelio que nos pueden ayudar muy bien a entender lo que tenemos que hacer:

Primero está LA SAMARITANA, es mujer que conoció el amor de Jesús como misericordia, pues la miró con amor, la respetó, la redimió y la hizo su apóstol (ella fue al pueblo a anunciar la presencia de Jesús en medio de ellos), sin duda que esta mujer conoció de forma personal el amor de Jesús como una experiencia única y definitiva en su vida.

Y luego está EL SAMARITANO, el de la parábola, que se comporta lleno de amor misericordioso con aquel pobre hombre que había sido dejado medio muerto en el camino por aquellos violentos ladrones. El samaritano, sin ser de su pueblo, ni de su raza, ni de su religión, lo trató con amor, o sea le dio todo para ponerlo a salvo y que se recuperara… ¡esto es misericordia!

EDITORIAL
MONSEÑOR EDUARDO CARMONA ORTEGA
OBISPO DE LA DIÓCESIS DE PARRAL

Jornada Mundial de Oración por la paz

La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer  el tema del mensaje del Papa Francisco para la 50° Jornada Mundial de la Paz que se celebrará el próximo 1 de enero de 2017: “La No-Violencia: un estilo de política para la paz”.

La nota de prensa recuerda que “la violencia y la paz están en el origen de dos maneras opuestas de construir la sociedad. La proliferación de brotes de violencia da origen a gravísimas y negativas consecuencias sociales. El Santo Padre refleja esta situación con la expresión de la ‘tercera guerra mundial por partes’”, que ha utilizado en distintas ocasiones para referirse a los diversos conflictos que ocurren en el mundo.

Al contrario, prosigue la nota, “la paz tiene consecuencias sociales positivas y permite realizar un verdadero progreso. Por lo tanto, debemos movernos en los espacios de lo que es posible, negociando vías de paz, incluso ahí donde las dichas vías parecen ambiguas e impracticables”.

De esta manera, “la no-violencia podrá adquirir un significado más amplio y nuevo: no solo como aspiración, deseo, rechazo moral de la violencia, de las barreras, de los impulsos destructivos, sino como enfoque político realístico, abierto a la esperanza”.

“Se trata de un método político fundado en la primacía de la ley. Si se salvaguardan los derechos de cada persona y la igual dignidad de cada uno sin discriminación ni distinción, la no-violencia, entendida como método político, puede constituir una vía realista y llena de esperanza para superar los conflictos armados. En esta perspectiva, es importante que siempre se reconozca la fuerza del derecho, en vez, del derecho de la fuerza”.

Con este mensaje, prosigue la nota, “el Papa Francisco desea indicar un ulterior paso, un camino de esperanza conforme a las presentes circunstancias históricas: para obtener la resolución de las controversias a través de la negociación, evitando que se degeneren en conflictos armados”.

Para concluir el texto señala que uno de las cosas que debe combatirse actualmente es el tráfico de armas, y con la no violencia se “puede hacer mucho para combatir este flagelo”.

La Jornada Mundial de la Paz fue instituida por el Papa Pablo VI y se celebra cada año el 1 de enero.

El mensaje del Papa es enviado a las cancillerías de todo el mundo y, además, señala la línea diplomática de la Santa Sede para el año que comienza.

 

MAGISTERIO DEL PAPA
PBRO. LIC MARTÍN EDUARDO HERNÁNDEZ BAEZA
DIRECTOR DE LA REVISTA Y RESPONSABLE DE CODIPACS