Archivo de la categoría: Nueva Iglesia

San Francisco de Sales: Obispo y Doctor de la Iglesia, Santo Patrono de escritores y periodistas

Nacido en 1567 en Thorens cerca de Annecy (hoy Francia), y perteneciente a una familia de nobles, Francisco de Sales era el hijo mayor de trece hermanos. Comenzó su educación en la escuela capuchina de Annecy, y a la edad de 15 años viajó a la ciudad de París para estudiar en la escuela Jesuita de Clermont.
Al terminar sus estudios en París, San Francisco de Sales fue a la Universidad de Padua, siguiendo la voluntad de su padre, para convertirse en abogado. Sin embargo, no solo estudió leyes, sino que también hizo el Doctorado en Teología, y gradualmente fue alimentando su deseo de convertirse en sacerdote. Solo cuando era ya un hecho cumplido, le participó a su padre esta decisión.
Así, en 1593 fue ordenado sacerdote y gracias a la influencia de su padre, le fue otorgado el cargo de Proboste (superior) de su Capítulo, era una práctica normal darle a los miembros de familias nobles altos cargos eclesiásticos.
Sus cualidades mentales y espirituales lo llevaron a una de las misiones más difíciles; a trabajar en la región de Chablais cerca del lago de Ginebra. El obispo lo envía de misionero a esta región recién regresada al Ducado de Saboya después de 60 años en manos de Calvinistas. Allí al principio es fuertemente rechazado.
Francisco de Sales se destacó por su vocación y compromiso incansable de comunicar la verdad de la fe a través sus escritos sencillos y a mano que los distribuía casa por casa.
Conocido también como el Santo de la Amabilidad, pues consideraba que “la mejor manera de predicar a los herejes es el amor, aún sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas”.
Cada madrugada pasa de casa en casa echando por debajo de la puerta de los hugonotes hojas escritas con las enseñanzas católicas. Y es tal su oración, su sacrificio y su constancia y sabiduría para enseñar, que a los pocos años logra convertir a los 72.000 protestantes de esa región al catolicismo.
San Francisco se ganó la reputación de ser sensible, cortés y un evangelizador exitoso. Como consecuencia de esto, fue nombrado Obispo Coadjutor de Ginebra y posteriormente, Obispo de Ginebra el 8 de Diciembre de 1602.
La visión de su papel como Obispo estaba marcada por los decretos reformistas emanados del Concilio de Trento (1545-1563) así como por la influencia recibida durante su etapa de formación (la espiritualidad Jesuítica entre otras), la vocación a la Virgen María inculcada por su madre, y lo aprendido en su trato con los Calvinistas.
Primordialmente, San Francisco fijó su misión en guiar a las personas a una vida espiritual dentro de una relación íntima con Dios. Muchas de sus prédicas y escritos están guiados hacia este propósito, particularmente a trabajar en dirección a la espiritualidad.
Su trabajo en ese sentido, dio origen a la publicación del gran clásico “Introducción a la Vida Devota”. También publicó otro libro el cual lo hizo merecedor al título de “Doctor de la Iglesia”, llamado “Tratado del amor de Dios”. De la misma manera escribió más de mil cartas espirituales. Se propuso predicar y escribir de manera tan sencilla que hasta las personas más humildes y pobres lo entendieran.
Todos estos trabajos se fundamentan en la doctrina que establece que la vida espiritual no es solamente para los religiosos y para el clero, sino para todo el mundo. Es por esta razón que San Francisco es visto como el primer gran escritor desde el tiempo de los apóstoles al preocuparse de la espiritualidad de los laicos.
San Francisco consideraba una herejía el decir que una persona no pudiera conseguir la santidad y la vida santa mediante la gracia de Dios.
Es por esta razón que San Francisco de Sales es no sólo el patrono de los escritores y periodistas sino también el patrono de la espiritualidad y el apostolado de los laicos. Esto último se evidencia en la gran influencia que tiene en la Sociedad de San Vicente de Paul.
Por último, su sensibilidad ecuménica y su personal gentileza aunados a su sentido común para rechazar las posiciones extremas de la vida espiritual de los laicos, lo han llevado a ser descrito como El Santo de la Amabilidad.
San Francisco fallece a los 56 años en la ciudad de Lyon el 28 de Diciembre de 1622. Fue canonizado en 1665, por el Papa Alejandro VII, y su fiesta litúrgica se celebra el 24 de enero. Por esta razón, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales institucionalizó esta fecha para hacer público el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Fue declarado Santo en 1675 y Doctor de la Iglesia en 1877. Posteriormente en el año 1923 se le nombró patrono de los periodistas y escritores católicos.
San Juan Bosco se inspiró en su apostolado, en la amabilidad de su bondad y en su humanismo, y lo adoptó como titular y patrono de la Sociedad Salesiana.

Pbro. Lic. César Alfonso Ortega Díaz,
Rector  de Catedral  y San Martín

Asamblea Plenaria CIV de la Conferencia Episcopal Mexicana

Encontrarnos nuevamente como hermanos en la Asamblea que cada seis meses organizamos los obispos mexicanos es motivo de gran alegría. No sólo porque nos podemos saludar y convivir durante algunos días sino porque nuestra comunión es siempre fuente de gracias y anuncio de que es posible construir una Iglesia sinodal, en el sentido más simple y etimológico del término. Una Iglesia que avanza en un camino común, con variedad de personas y sensibilidades, pero vinculada por la presencia de Jesucristo que nos sostiene en nuestro ministerio.
Las Asambleas de la Conferencia del Episcopado Mexicano no son una mera reunión burocrática sino que se inscriben en el camino de la Iglesia latinoamericana, que por gracia de Dios, hoy contribuye como nunca a la Iglesia Universal a través de la persona, la palabra y el gesto del Papa Francisco.
En más de un sentido, el Papa nos está educando. Nos recuerda lo esencial, lo elemental, que tal vez por básico tiende a darse por supuesto. El nos invita a vivir la unidad entre nosotros y con nuestro Pueblo. Esto no es populismo ni palabrería sino fidelidad al evangelio y a la mejor interpretación de la eclesiología del Concilio Vaticano II.
De entre los muchos textos que el Papa nos regala sobre estos asuntos me gusta recordar tres renglones que son sumamente compactos, claros y directos:
“La Iglesia es la comunidad de los discípulos de Jesús; la Iglesia es Misterio y Pueblo, o mejor aún: en ella se realiza el Misterio a través del Pueblo de Dios.”[1]
Así las cosas, la unidad episcopal es parte de la unidad profunda que la Iglesia mantiene con el Misterio que la funda y con el Pueblo que lo realiza.
Con este enfoque, me parece, tenemos que mirar los acontecimientos que han marcado a nuestras iglesias particulares en los últimos meses y también los desafíos que vienen por delante en el futuro próximo.

I.- Dios permite cosas como los desastres naturales, para redescubrir cuánto lo necesitamos a El

El mes de septiembre fue una gran prueba para el pueblo mexicano. Tuvimos una tormenta tropical en el sur de la península de Baja California, un huracán que tocó tierra en Veracruz y otro huracán que impactó en las costas de Guerrero. Los daños humanos y materiales fueron cuantiosos. Sólo estos fenómenos naturales constituyen ya un escenario de profundo dolor y sufrimiento. Pero como todos sabemos, no fueron lo único que sucedió.
Los terremotos del pasado 7 y 19 de septiembre fueron devastadores. Morelos, Puebla, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tlaxcala, Tabasco, La Ciudad y el Estado de México sufrieron daños incalculables. La destrucción de numerosas viviendas, oficinas gubernamentales, escuelas, hospitales, comercios y templos, aunados a las personas que perdieron la vida, han calado en lo más profundo de la conciencia nacional.
La reacción solidaria, que rebasó por mucho las previsiones gubernamentales, ha mostrado de manera elocuente que los diagnósticos sociológicos respecto de la apatía y la pasividad de los jóvenes, fueron siempre incompletos. En lo escondido del pueblo mexicano, subsisten energías que permiten ir más allá de la prisión del yo y salir al encuentro de la necesidad y del dolor del prójimo, del hermano que sufre y que lo ha perdido todo.
Más aún, en el fondo del corazón humano, subsiste la inquietud por un destino trascendente que moviliza a las personas y las hace arrodillarse e implorar la ayuda de Dios y de la Virgen con gran sinceridad y sencillez. La gracia actúa siempre en el secreto de la vida interior. La acción de Dios, invisible y discreta, por supuesto no es cuantificable. Sin embargo, es real y eficaz. Una vez más debemos recordar que no es posible interpretar al pueblo mexicano, especialmente en estas difíciles circunstancias, al margen de su peculiar experiencia de fe.  Por ello, podemos seguir diciendo que México es un pueblo muy religioso y muy solidario, que no desespera aún en circunstancias sumamente dramáticas. México, aún sabe acudir a Santa María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, para encontrar luz en los momentos de dolor y oscuridad. México aún sabe socorrer al hermano que ha caído en desgracia.
Las diócesis y la Conferencia del Episcopado Mexicano a través de Cáritas y otras instancias pastorales han movilizado diversos recursos para el rescate, la ayuda inmediata y la reconstrucción. Evidentemente, nuestro aporte como Iglesia aún siendo muy grande, no logra ser apreciado por los medios de comunicación. La invisibilización del aporte católico en estos y otros asuntos sigue siendo constante. En los grandes noticieros nacionales apenas y es perceptible la acción de la Iglesia en momentos de emergencia como el que hemos vivido.
Nadie busca un protagonismo vano o una presuntuosa y falsa actitud solidaria. Lo que deseo subrayar es que continua la marginación de la contribución cristiana al desarrollo social del país.
A este respecto, no podemos dejar de mencionar que existieron situaciones de tensión al momento de intentar canalizar ayudas por parte de la Iglesia y que, en algún caso, fueron desviadas hacia otras instancias. Sin faltar algunos abusos y maltratos graves a brigadistas.
Menciono breve pero claramente estos hechos para evidenciar que junto con una corresponsabilidad ciudadana del todo encomiable, conviven lamentablemente algunas acciones deleznables que no logran advertir que en situaciones de emergencia, la prioridad absoluta deben ser los más pobres, los más vulnerables, los más necesitados de ayuda inmediata.
Descubrir que en algunos el corazón endurecido les nubla la mirada para acoger y reaccionar ante el dolor y el sufrimiento de nuestro pueblo, es muy cuestionante. Por eso, más allá de las ayudas materiales, la misión de la Iglesia se sitúa en la reconstrucción del corazón humano que requiere ser purificado y sanado para que nunca la vida de un hermano en desgracia nos sea indiferente.
Diversas voces, en tonos apocalípticos, anunciaron, así mismo, a través de redes sociales, que los terremotos y otros fenómenos naturales recientes, podrían ser un “castigo de Dios”. En momentos de confusión como estos, es preciso que los católicos reaprendamos a anunciar el verdadero significado de estas pruebas. Dios permite cosas como los desastres naturales, para redescubrir cuánto lo necesitamos a El y para también redescubrir el rostro de nuestro hermano. En cierto sentido, en el dolor y en el sufrimiento, la verdad sobre la persona de Dios y la verdad sobre la persona de mi prójimo pueden emerger si no cierro mi consciencia y mi corazón.

II.- La principal reconstrucción que hoy requiere nuestro país es de orden espiritual, cultural y social.

Numerosos analistas han comentado que la gran movilización ciudadana ante los terremotos debe de encausarse de inmediato para construir una sociedad civil más organizada, más participativa y más responsables del bien común nacional.
En esta tarea, nuevamente la labor de la Iglesia es insustituible. La reconstrucción no puede ser sólo material. La principal reconstrucción que hoy requiere nuestro país es de orden espiritual, cultural y social. Como decíamos hace algunos años los obispos mexicanos en una de nuestras Cartas Pastorales, los procesos de transición, de cambio social, no tienen su destino asegurado[2]. Es necesario darles rumbo entre todos.
El verdadero rumbo no se da a través de consignas fáciles u ocurrencias coyunturales. El camino que es preciso andar para que México salga adelante sólo se puede encontrar redescubriendo nuestra identidad y nuestra vocación más profunda. El pueblo mexicano es una síntesis de razas y culturas lograda a través de múltiples sucesos históricos entre los cuales, el más decisivo, es el Acontecimiento Guadalupano. El mestizaje étnico y la articulación de valores, lenguajes, culturas y expectativas en una síntesis única, es fruto en buena medida de una Presencia maternal, evangelizadora y misionera que  reconcilió a los pueblos en conflicto y orientó las energías para la reconstrucción de una realidad profundamente herida, hace casi 500 años.
Hoy tenemos la oportunidad de preparar un camino análogo. Un camino de reencuentro con Santa María de Guadalupe, que nos permita colaborar en la reconstrucción espiritual y material de nuestra nación. En este sentido, todos los esfuerzos que hagamos dirigidos hacia los años 2031 y 2033, incluido nuestro Proyecto Global, son más importantes y pertinentes que nunca.
Es preciso asumir estos esfuerzos con máxima seriedad y responsabilidad. Es nuestro Pueblo, en el que Dios habita, el que espera un gesto responsable, valiente y misionero de todos nosotros, los pastores de la Iglesia en México.
El horizonte de 2031 no hay que verlo como una mera fecha remota sino como una invitación para que desde ahora asumamos el mensaje profundo del Acontecimiento Guadalupano, como programa y como aliento constante. No es “mañana” cuando tendremos que responder al don que hemos recibido. Es “desde ahora”, que debemos proponer que la reconstrucción y la reconciliación son posibles en nuestro México, siempre basadas en la vigencia de la justicia, de la paz y de la dignidad de cada mexicano. Es desde ahora que tenemos que volver a mirar a Santa María de Guadalupe como Patrona de nuestra libertad y como custodia de nuestro destino como nación.

III.- La Iglesia como institución no debe inducir el voto hacia partido o candidato alguno.

En los próximos ocho meses viviremos el estremecimiento de las precampañas y las campañas electorales. Nunca como ahora, el desconcierto y la insatisfacción social definen el escenario. Los candidatos independientes surgen y momentáneamente parecen ofrecer una alternativa a las opciones políticas tradicionales. Sin embargo, más pronto que tarde, algunos independientes resulta que no lo son tanto.
La sociedad busca opciones ciudadanas pero pareciera que éstas no logran aún madurar y consolidarse en su originalidad e independencia. Por otra parte, los Partidos políticos desdibujan sus identidades, pierden sus liderazgos-claves, se vinculan con opciones políticas contrapuestas, haciendo que el voto en consciencia de los católicos sea más arduo que nunca.
¿Qué palabra puede decir la Iglesia ante tal desconcierto? ¿Cómo ayudar a que exista una participación democrática madura, basada en una reflexión crítica y ética con gran perspectiva de bien común? Desde mi punto de vista es preciso que anunciemos con caridad tres cosas esenciales:
Primero: La Iglesia como institución no debe inducir el voto hacia partido o candidato alguno. No es nuestra misión sustituir las conciencias sino iluminarlas con la luz de la fe y con las exigencias éticas que brotan de la dignidad inalienable de la persona humana.
Segundo: Hay que evitar que nuestro pueblo crea que el criterio es elegir el “mal menor”. En la enseñanza de la Iglesia el mal moral no puede ser elegido nunca ni como fin ni como medio. El principio del “mal menor” sólo aplica cuando los males en juego son de orden físico, no moral, tal y como lo saben bien, por ejemplo, los expertos en bioética. En escenarios políticos complejos lo que debe imperar es la búsqueda del “bien posible” que aunque sea modesto, todos estamos obligados a procurar.[3] En un proceso electoral, esto significa que la conciencia cristiana debe discernir cual de las opciones puede generar un poco más de bien, tomando en cuenta, insisto, la complejidad de las circunstancias. Hacer el “bien posible” significa impulsar todo lo que aporte al bien común,  a la paz, a la seguridad, a la certidumbre,  a la justicia, al respeto a los derechos humanos y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos. La Doctrina social de la Iglesia nos ofrece estos y otros valores para que cada persona tome sus decisiones en conciencia y con entera libertad.
Tercero: Hay que estimular la más amplia participación cívica. Entre más ciudadanos participen, más posibilidades habrá de que nuestra sociedad madure y sea responsable de la cosa pública. No hay que temer a la participación. Al contario, la próxima elección federal será una gran ocasión para que desde la fe todos podamos mostrar nuestro compromiso con México, es decir, con el pueblo real, que hoy se encuentra sufriendo mucho.

IV.-Anuncio de una propuesta integral que comienza en el corazón y se expande hacia todos los espacios.

La Iglesia en México, la Iglesia toda, es discípula misionera de Jesucristo. El es la única y verdadera novedad que puede sanar nuestras heridas y abrir caminos de auténtica promoción humana. En particular, los más jóvenes necesitan escuchar de nosotros el evangelio, la buena noticia de que Jesús ha resucitado y ha vencido nuestro pecado y nuestra miseria. Este anuncio, cuando es fiel al depósito de la fe, es anuncio de una propuesta integral que comienza en el corazón y se expande hacia todos los espacios y ambientes, que atiende lo cercano y alcanza hasta la última periferia.
Quiera Dios regalarnos su gracia para que seamos siempre fieles al don de su Hijo. Quiera la Virgen Santa María de Guadalupe ayudarnos a ser testigos de Esperanza en los próximos meses y años.
¡Muchas gracias!.

Magisterio Papal
Pbro. Lic. Martín Eduardo
Hernández Baeza Director de la revista
y Responsable de CODIPACS

Estudio sobre las casas de migrantes católicas

En virtud de la urgente necesidad de ocuparse de la población migrante que llega a México, la SEGECEM se dio a la tarea de procurar un acercamiento con las casas que atienden a  migrantes en tránsito, a lo largo del país; esto con el objetivo de identificar su forma de trabajo para tener un panorama explícito que permita establecer un diagnóstico de su realidad. No obstante, el primer inconveniente presentado fue la falta de un directorio completo que permitiera conocer: ¿cuántas son?, ¿dónde están ubicadas?, ¿cómo se sostienen?, ¿a cuántas personas brindan atención?, ¿qué tipo de servicios ofrecen? y ¿cuáles son sus necesidades?
Derivado de esta falta de información, surge una investigación para compilar diligentemente a las casas de migrantes que explícitamente son dirigidas o administradas por la Iglesia Católica en México.

Antecedentes
El fenómeno migratorio en el mundo, es histórico y está claro que el posicionamiento geopolítico de México lo convierte en un país atrayente de población migrante. Es por ello que muchos migrantes indocumentados penetran en México hasta atravesar el país entero, para llegar a Estados Unidos.
Sabemos cómo la Iglesia a lo largo del tiempo, viene dando acogida a estos hermanos migrantes que buscan mayores oportunidades.
Hasta el momento se ha logrado contabilizar a lo largo del país, a 75 organizaciones dirigidas por personas de la Iglesia, entre albergues, comedores, centros de apoyo, parroquias, módulos de atención, dispensarios médicos, entre otros. Estas casas están dividas en 3 regiones: la frontera norte, sur y el centro.
En la frontera norte, desde finales del siglo XX y con visión profética los institutos religiosos, misioneros, fieles católicos y los sacerdotes diocesanos, lograron vislumbrar una problemática que requería de una cantidad incontable de ayuda humanitaria en favor de todas las personas que buscaban llegar a Estados Unidos de Norteamérica, o que estaban siendo deportados.
Las casas de migrantes católicas de la frontera norte, surgieron por una preocupación de apoyar en sus grandes necesidades  a tantas personas que se encontraban desamparadas.  Inicialmente las iglesias utilizaron sus salones parroquiales, o las casas de retiro de religiosas que se encontraban en la periferia de las ciudades fronterizas. Pero al incrementar el número de personas en situación de vulnerabilidad surgió la necesidad de conseguir espacios propios para esta actividad. Fue entonces que  muchos presbíteros, religiosas y misioneros, sintieron el llamado a sumarse a la vocación de brindar atención a los hermanos migrantes.
En lo que respecta a la actividad de las casas en la franja norte, contabilizamos 38. Particularmente destaca la labor de los Misioneros Escalabrinianos quienes desde 1985 abrieron sus puertas en Tijuana para dar acogida y hospitalidad a todo tipo de migrante, deportado o refugiado.
En la frontera sur las acciones de la Iglesia para la construcción de casas migrantes, tardaron en aparecer si se compara con las casas de la zona norte. Este hecho fue provocado por la ya de por sí marcada situación de pobreza y discriminación que históricamente  se vive en la zona sur del país.  La atención que primordialmente se daba a los indígenas, de algún modo acotó acciones más organizadas para ofrecer ayuda humanitaria a migrantes. No obstante, la escuela perfecta para la consolidación de las casas para migrantes, está fundamentada en el trabajo histórico de la Iglesia con los indígenas en el sur.
Existen 25 casas en la zona sur y algunas con  más de 17 años de apostolado.  Desde sus inicios sobresale la participación de los fieles católicos, y el trabajo de acogida de muchas parroquias que han sabido abrir sus puertas -con todo y sus limitados recursos-,  para albergar y alimentar a los migrantes.
La Iglesia en la zona centro del país, con toda la experiencia para atender múltiples realidades pastorales,  abrió 12 casas de migrantes como una respuesta para acompañar a esta población vulnerable, encontrando una  casa con 30 años de historia (Casa de la Caridad Cristiana Hogar del Migrante).
Casas migrantes católicas
Para la Iglesia se entiende como casa migrante: todo aquel lugar -no importando las características físicas-, que abre sus puertas para dar acogida, y que sirve para procurar protección humanitaria, moral, jurídica y espiritual. En ella el migrante encuentra un refugio porque recibe un trato digno y humano.  Es el amparo para menores de edad, para mujeres y hombres, y también es un espacio de acompañamiento hasta su regreso a casa.
Las casas migrantes católicas son pioneras en brindar generosidad y amor, por la gran  sensibilidad hacia los fieles y a la sociedad en general. Algunas de ellas dedican parte de su tiempo a la investigación del fenómeno y varios de sus actores participan en espacios internacionales para  concientizar y alertar sobre este problema.

Estas casas de migrantes católicas
pueden ser catalogadas en 7 segmentos:

1.-Módulos de atención
al migrante deportado.
Su principal función es la de dar acogida desde que descienden del autobús que los trae de regreso a México.  Además de brindar ayuda para: trámites legales, alimento y ropa. Son 13 las casas registradas  que se dedican a esta actividad.

2.- Albergues para mujeres
y niños mayores de trece años.
En estas casas  socorren a las familias para que se reencuentren con sus hijos.  Trabajan en colaboración con organismos como el DIF y la Federación de Asociaciones Cristianas de Jóvenes de la República Mexicana. En este sentido,  faltan esfuerzos pastorales para compensar la demanda existente, ya que solamente son  cinco las casas.

3.- Comedores.
Estos suman 75, porque todas las casas entregan la ayuda alimentaria a los migrantes. El impacto que tienen frente a los migrantes es enorme, llegando a atender en un día a más de 800 personas.

4.- Dispensarios Médicos.
Aquí dan atención médica inmediata y oportuna a los migrantes con alguna lesión o enfermedad, así como la ayuda con medicamentos. Encontramos que en este tipo de casa existe la necesidad de incrementar los esfuerzos para atender a más personas en situación de vulnerabilidad.  Al igual que los comedores, las 75 casas dan los servicios médicos a los migrantes, esto sin contar los dispensarios que operan a través de las diversas parroquias.

5.- Albergues para hombres
y mujeres mayores de dieciocho años.
Son 48 las casas para migrantes adultos y representan el porcentaje más grande de casas; pero de esas 48, 12 permiten la estancia de mujeres.  Les brindan hospedaje desde 24 horas y hasta una semana, según sea el caso. Por consideraciones que apelan al tiempo en que una persona es considerada migrante o no, el mayor periodo que pueden permanecer en un albergue bajo el estatus de migrantes son cuatro meses.

6.- Brigadistas.
Aunque muchas veces no cuentan con un espacio físico permanente para su labor en favor del migrante, se acercan a las vías del tren para dar ayuda humanitaria y alimento a estas personas. Encontramos que en particular las casas del centro y sur,  llevan la ayuda bajo esta forma. Son siete las casas que salen a repartir  ayuda a las vías del tren o a otros espacios comunes.

7.- También existen los centros de investigación del fenómeno migratorio.
Son una sección dentro de las casas que se encarga de documentar de forma fotográfica, historias y testimonios de migrantes y de formalizar estadísticas que ellos mismos generan de sus casas. Contabilizamos 4 casas que documentan el flujo migratorio, principalmente las que son dirigidas por organizaciones religiosas.
Las casas llevan un libro para tener un registro de los datos del migrante y en todas, luego de su llegada, los migrantes son sometidos a una entrevista con la cual se puede determinar el tipo de ayuda que requieren, lo cual sirve de ayuda para el caso de búsqueda o rastreo de desaparecidos.
Dadas las circunstancias, muchas casas operan las 24 horas del día, los 365 días del año y atienden desde 15 y hasta 300 migrantes al día. Solamente  los comedores, dispensarios médicos y módulos de atención al migrante deportado tienen horarios más acortados.  El alcance de las casas de migrantes llega  al pie de la Bestia (tren en el cual se transportan por inmigrantes).
De las casas de migrantes queda mucho por averiguar,  pero frente a la coyuntura existente sabemos que ellas se están preparando para expandirse o crecer,  y de esta forma poder ayudar a más personas y que por fortuna cada vez están encontrando mejores formas de organizarse.

Población a la que atienden
Las casas de migrantes no distinguen entre nacionalidades para ofrecer ayuda. Todas las personas son recibidas. Sin embargo, han visto que es mejor separar a los hombres de las mujeres, y niños mayores de 13 años.
En el caso particular de los niños migrantes o deportados, las casas no logran tener la capacidad jurídica, ni instalaciones suficientes, para dar asilo o albergue a niños menores de 13 años. Quedando limitado el apoyo a este sector tan importante y a la vez tan desprotegido, por lo cual hace falta intensificar los esfuerzos para tener la capacidad de responder eficazmente a este gran reto. Hasta el momento, cada vez que el Instituto Nacional de Migración encuentra a un niño, lo refiere al DIF y no así a los mayores de trece años,  a  quienes este instituto refiere directamente a estas casas.
En lo que respecta a la atención a mujeres, cada vez se piensa más en la construcción de espacios enfocados en resolver su problemática particular, pero cuando analizamos las casas de migrantes católicas, encontramos que existe una clara escasez de ayuda humanitaria dirigida a las mujeres. Por lo pronto, son espacios de organizaciones civiles quienes ofrecen  esta ayuda a las mujeres.
Muchos migrantes no viajan solos, hay quienes orillados por las carencias en sus países de origen y ante el inminente riesgo que enfrentan, toman la decisión de llevar consigo a su familia. Actualmente son pocas las casas que tienen la capacidad para recibir a familias. Regularmente los miembros de las familias son separados en casas distintas para salvaguardar a cada uno de ellos. Pero hace falta prestar atención a éstas, porque están en un territorio desconocido en donde enfrentan múltiples violaciones de sus derechos humanos.
El flujo migratorio que se recibe en la frontera norte está cambiando, porque las rutas migratorias también lo están haciendo. Hoy en día,  las casas albergan población migrante principalmente de Haití, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Cuba. Aunque también se reciben indocumentados de Europa y Asia en una menor proporción. La población de migrantes mexicanos que están varados también ha ido en aumento.
Se conocen dos tipos de “temporadas” de migración,  denominadas alta y  baja.  Durante la temporada alta que comprende los meses de abril a diciembre, diariamente se llegan a atender desde 25 y hasta poco más de 300 personas en cada casa.  En la temporada baja  que es en los meses de enero a marzo las casas pueden llegar a atender desde 1 hasta 200 personas.  Las temporadas migratorias, dictan de forma simbólica el flujo migrante.

¿Quiénes son los actores
que dirigen estas casas?
Las casas de migrantes católicas, tienen actores puntuales sin los cuales sería muy difícil el apoyo solidario que se ofrece en ellas. Las casas operan con voluntariado permanente, fieles bienhechores y algunos empresarios que frecuentemente aportan en especie y en dinero.
Gran parte de las personas que solventan las labores y las acciones en estos lugares son laicos comprometidos. Amas de casa que donan su tiempo para cocinarle a cientos de indocumentados. Estudiantes universitarios en México y Estados Unidos desempeñan un trabajo de apoyo sin precedentes. Profesionistas: abogados, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, entre otros, que destinan su tiempo y esfuerzos de forma gratuita, o cobrando menores honorarios.
Las religiosas y los religiosos, con su inmensa caridad conducen varios de estos centros  con la sensibilidad que los caracteriza. Entre ellos se encuentran: los Misioneros Escalabrinianos, Jesuitas,  Salesianos, Dominicos,  Padres Escolapios,  las hermanas de la Caridad,  Misioneras de la Eucaristía, Comunidad María Siempre Virgen, etc.
Sin contar la mano de cientos de sacerdotes, quienes junto con su trabajo parroquial, dirigen estos espacios de acogida.
Las Diócesis y Arquidiócesis a cargo de sus respectivos Obispos, coordinan mucha de esta atención pastoral y su injerencia es importantísima para motivar y sensibilizar a la comunidad a dar atención a éstos.
Enfática es también, la labor de la pastoral social a través de Cáritas, quienes han sabido responder al llamado de salir al encuentro del hermano, instalando casas a lo largo del país con distintos enfoques de apoyo y solidaridad.
Y existen muchos actores que pasan desapercibidos en nuestro análisis, son estos actores anónimos los que ayudan a la concreción de muchos proyectos particulares en las casas, y ante problemas muy específicos. Qué decir de muchas organizaciones hermanas, en la frontera de Estados Unidos y en la Frontera de Guatemala, puerta de Centroamérica,  que participan directa e indirectamente en apoyo a los migrantes y desprotegidos. Y que además, están en la búsqueda de una nueva política migratoria, o de mejorar las estructuras de estos países.
Como sabemos buena parte de la sociedad reacciona positivamente cuando se trata de llevar a cabo acciones concretas, es por ello que diversas organizaciones civiles nacionales e internacionales a favor de los migrantes, se han sumado en esta labor,  tomando como referente las formas en que trabaja la Iglesia Católica.
Dimensión Episcopal de  Pastoral  de la Movilidad Humana  (DEPMH)
La Pastoral de Movilidad Humana tiene un enfoque de atención hacia todas las personas que se encuentran en movimiento, en su trabajo pastoral  efectúan visitas a las diferentes Provincias Eclesiásticas, para compartir experiencias de trabajo y canalizar los enlaces oportunos con las dependencias federales en los estados y con las autoridades estatales, organismos y dependencias del gobierno mexicano como:  Instituto Nacional de Migración (INM), Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Unidad de Política Migratoria de SEGOB, Consejo Ciudadano del Instituto Nacional de Migración, Subsecretaria de Derechos Humanos, Instituto Federal de Defensoría Pública, Procuraduría Social de Atención a las Víctimas de los Delitos, Unidad de Asuntos Internos de la Policía Federal,  Dirección General de Protección a Mexicanos en el Extranjero de la Secretaria de Relaciones Exteriores,  Dirección General de Protección a la Infancia, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), Organización Internacional para Migrantes (OIM).
De la misma manera, dentro de los contactos en EUA se encuentran: el Embajador C. Anthony Wayne y el Gobernador de California Jerry Brown.

Los frutos obtenidos de las relaciones que se sostienen con las autoridades del gobierno a nivel federal son:
La representación real y efectiva de la Iglesia para la atención y defensa de los migrantes, por la participación  activa en foros institucionales para la implementación de políticas públicas en beneficio del migrante.
Coordinación permanente con las autoridades  migratorias y de seguridad nacional para el combate al tráfico de personas, secuestro, la trata y se evite el tráfico de personas.
Observa que las autoridades cumplan con el debido proceso en donde se encuentren involucrados migrantes y en el caso de que esta no se dé, denunciar e interponer los recursos legales necesarios ante la Superior Autoridad competente.
Participación en el Consejo Ciudadano del Instituto Nacional de Migración
Lleva a cabo reuniones de trabajo entre la CEM y Autoridades del Gobierno Federal (SER, SEGOB, INAMI, UPM) para trabajar los protocolos.
Colaboración como miembros activos del programa de reinserción Somos Mexicanos, del INM en coordinación con los gobiernos Estatales y Municipales.[1]
Y se acentúa el nuevo modelo de casa migrante que en la Diócesis de Zacatecas pretenden implementar, basado en la reinserción de los deportados migrantes, a través de un espacio que les deje compartir sus conocimientos adquiridos en Estados Unidos a modo de clases o talleres. Además tienen agendado para el 1, 2 y 3 de septiembre de 2017, en Piedras Negras, Coahuila, un Encuentro Binacional donde se congregará la franja fronteriza: desde Tijuana hasta Matamoros [2] y desde Texas hasta California.

¿Cómo se sostienen?
Por su nexo geográfico con uno de los países más poderosos del mundo, México se ha convertido en un país que recibe grandes flujos de migrantes,  principalmente de países en vías de desarrollo.  Esta es una realidad innegable en la que la Iglesia y su comunidad de fieles deben responder con acciones concretas.
En lo que respecta a la organización particular de todo el país, mucho tienen que aprender entre sí las casas de migrantes de una zona u otra.  Algunas constituidas como asociación civil han logrado conseguir a su modo ciertos recursos propios para ejercer esta tarea titánica.
Otras  han avanzado en el aspecto de la recaudación y cuentan con plan y estrategia que les permite atender a más personas, o estar en la fase de ampliación de  sus instalaciones. Particularmente la zona norte del país, tiene bien marcadas y conocidas sus redes y trabajan con ellas de forma articulada.
Todas las casas señalaron que colaboran con alguna red local o nacional para el apoyo al migrante. Las organizaciones con quienes lo hacen pueden formar parte de las casas migrantes o no. Las redes les sirven para no dejar a ningún migrante, sin alimento, techo y ropa. Sus vínculos pueden llegar a ser internacionales. Ciertas casas del norte por ejemplo, forman parte de una organización binacional pro-migrantes.
En esta misma región tienen mayor contacto con los medios tecnológicos, lo cual les permite hacer difusión de su pastoral en los medios de comunicación masivos, y las redes sociales.
Para las casas del sur,  su gran fortaleza son los fieles católicos oriundos del lugar en donde están insertas. Solo unas cuantas reciben dinero por medio de organizaciones como patronatos y apoyo del gobierno.  Les hace falta infraestructura para expandir la atención a las personas desprotegidas que los buscan.
En el centro del país las casas están más preparadas para proveer atención. Eso se debe  a que en gran medida, les es más accesible conseguir donativos en especie o en voluntariado a causa de su ubicación geográfica. Ubicarse en el centro del México, les dota de una mayor cantidad de elementos para distribuir sus recursos.
Las casas más grandes han llegado a desarrollar programas en beneficio del migrante como: bancos de alimentos y organizaciones en favor de los derechos humanos.  Sin embargo, sus carencias son grandes y los actores que las dirigen se sienten agradecidas por la preocupación de la Iglesia.
Es evidente que la Iglesia tiene la experiencia, misma que le permite trabajar con muchas instancias que se apoyan a través de voluntariado y en ciertos casos del gobierno.

Situación actual
Luego de que en Haití el huracán Matthew destrozara la poca infraestructura que habían logrado levantar tras el terremoto, comenzaron a llegar a México cientos de indocumentados que se habían reinstalado en Brasil y Ecuador principalmente, con la intención de dirigirse a Estados Unidos, para pedir una ayuda humanitaria, que les permitiera su estancia en Norteamérica hasta por tres años.  Esta iniciativa puesta por el gobierno del entonces presidente Barack Obama, quedó suspendida y muchos migrantes se quedaron varados principalmente en la frontera norte de México.
Esta población migrante está utilizando gran parte de los recursos y acciones, limitando con ello los espacios disponibles para migrantes de otros países. Y actualmente tienen una enorme preocupación respecto a las ya activas y constantes deportaciones masivas, pero están seguros de que harán lo humanamente posible. No obstante, apelan a que la comunidad católica se sume a colaborar con ellos para extender el servicio a más hermanos migrantes. Éstas están haciendo esfuerzos notables para solventar los gastos de operación y logística que implica el dar alojamiento a tantas personas diariamente.
En las casas hacen falta voluntarios activos y profesionistas; así como una lista enorme de donaciones en alimentos, ropa y zapatos, artículos de limpieza personal y de aseo (pañales para bebés) ropa de cama, colchonetas y cobijas, computadoras,  teléfonos con crédito para llamadas y medicinas.

Cooperación internacional
e interreligiosa
Si tomamos como referencia la forma en que trabajan las casas migrantes, encontramos  formas de acción que podemos replicar para mejorar el trato a los migrantes.
Ya se ha mencionado de los esfuerzos y colaboración existentes entre las diócesis de México y algunas de Estados Unidos. Como el reciente Encuentro en Bronwsville en febrero de 2017, donde se retomó el gran documento binacional en el 2003,  que lleva por nombre “Juntos en el Camino de la Esperanza ya no Somos Extranjeros”[3].
En lo que compete a la comunicación y diálogo con las diócesis en Centroamérica, el Encuentro Frontera Sur de México y Triángulo Norte de Centroamérica efectuado en febrero de 2017 en San Salvador y coordinado por la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana (DEPMH), fue un punto de inicio, pero no es la única solución para encontrar cause a los cientos de problemas que se presentarán en México por la migración. De hecho la regulación del cruce de migrantes que provienen de países de Centroamérica en la frontera del Sur es más difícil, porque la infraestructura que México tiene para ello es ineficiente.  Incluso el  paso de Guatemala a México es a través de un puente para los que llegan con papeles, y en balsas cruzando el río, para los migrantes indocumentados.
Hay pronunciamientos por parte del CELAM[4] en contra de una creciente xenofobia, aspecto innegable para comprender el desamparo de tanto migrante. Pero hacen falta esfuerzos latinoamericanos, para juntos construir nuevas plataformas que den respuesta inmediata a las necesidades actuales.
Al mismo tiempo las casas de migrantes están dando testimonio de inclusión y de solidaridad fraterna al aceptar colaboración y ayuda de parte de organizaciones cristianas, presbiterianas y evangélicas, con lo cual, también se suscita el diálogo ecuménico.
La Iglesia, debe tomar muy en cuenta que al vivir en un mundo globalizado, las relaciones y los vínculos también deben globalizarse, y hacer uso de las actuales tecnologías de la información para traspasar fronteras, y si es necesario conseguir esa ayuda humanitaria de otros países que se encuentren sensibles ante esta situación.
Espacios de diálogo
Los espacios para el diálogo siempre han sido fructíferos para la tarea misionera de la Iglesia, y en el caso de los migrantes, es necesario promover encuentros en donde converjan los distintos actores de las casas que ofrecen estos servicios.
En las casas expresaron, en reiteradas ocasiones, la necesidad de tener un encuentro anual en donde puedan sumar esfuerzos. Por su parte, no ven mucho beneficio en las reuniones  provinciales, sino más bien reuniones por franjas porque consideran que  sólo en estas franjas se comparten las mismas experiencias.
Los espacios de diálogo, deben enlazar a instituciones de gobierno, como el Instituto Nacional de Migración, policías locales y los diferentes consulados. Ya que solamente  algunas casas tienen el contacto directo con los cónsules, y es imprescindible que todos puedan tener acceso a ese directorio.
Conclusiones y propuestas
Con la amenaza en activo de deportaciones de migrantes, es imperativo que la Iglesia sepa atender con amor, pero sobre todo con eficacia a esta población tan vulnerable.

PBRO. LIC LEONEL
LARIOS LIC. EN COMUNICACIÓN

LA FAMILIA DEL MFC

Queremos comenzar este mensaje, externándoles un saludo cordial, con la fe puesta en Nuestro Señor Jesucristo, a quien le pedimos su bendición para todos Ustedes. En días previos, se acercó una persona con nosotros y comenzamos a platicar, acerca de todo lo que en los últimos días hemos vivido cada quien con su familia; dentro de la plática surgió el movimiento familiar cristiano católico (MFC) y todo lo que ha implicado seguir a Jesús en este movimiento, de manera sorpresiva nos hizo una pregunta la cual fue ¿Por qué consideran familia, a los integrantes de MFC, como si fueran familia de sangre?; la respuesta que planteamos es la siguiente: Tomando como referencia a Jesús camino, verdad y vida; el mundo nos ha hecho, individualistas, egoístas e incapaces de saber y entender que nuestras decisiones implican optar por lo bueno, pero desgraciadamente, muchas de ellas son basadas en egoísmo, materialismo, relativismo, en fin corrientes filosóficas donde se cultiva el hedonismo y donde el valor de la persona está en función de la utilidad; esto genera que seamos de corazón duro, incapaces de encontrar en el hermano la bondad de las acciones y de las actitudes, encerrados en una burbuja. Jesús nos enseña que somos capaces de amar y de ser amados y todo ello tiene su raíz en la familia la cual cuenta con la herramienta de MFC, donde la enseñanza y vivencia evangélica cambia nuestro corazón en un corazón de carne, lleno de amor. Esta vivencia dentro del movimiento familiar cristiano nos ha permitido encontrar familias donde todos somos hermanos; y volvemos a estar en casa de Papá y Mamá, donde el abrazo acogedor, no hace distinción de nada, sencillamente somos personas con necesidades de hogar, consejo, aprobación y amor; dichosos de saber que esa familia de opción, tienen el mismo Señor y la misma fe.

América y Guillermo Caballero Meza
Área I Equipo Coordinador Diocesano. “Familias Iluminadas por el Espíritu Santo: Testimonio de fe, Esperanza y Misericordia”

Matrimonio y Familia
América y Guillermo Caballero Meza
Coordinadores área Uno del MFC