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Paz, prosperidad, progreso y justicia

Paz, prosperidad, progreso y justicia para Egipto, es el ruego del Papa Francisco a Dios Todopoderoso y Uno, pidiendo que derrame su Bendición sobre todos los egipcios: ¡Gracias y que viva Egipto!
Con estas palabras el Papa concluyó su denso discurso a las autoridades en El Cairo, en el que también pidió:
«Paz para este amado país. Paz para toda esta región, de manera particular para Palestina e Israel, paz para Siria, Libia, Yemen, Irak, Sudán del Sur; paz para todos los hombres de buena voluntad»
En sus palabras a los miembros del Gobierno y del Parlamento, al Cuerpo Diplomático y a los representantes de la Sociedad civil egipcia, el Papa les reiteró, una vez más, sus deseos de paz y su gratitud por encontrarse en Egipto, tierra de antiquísima y noble civilización, que «representa mucho para la historia de la humanidad y para la Tradición de la Iglesia».
Tierra mencionada tantas veces en la Sagrada Escritura, donde, como recordó Juan Pablo II, Dios reveló su nombre a Moisés y en el monte Sinaí dio a su pueblo y a la humanidad los Mandamientos, y donde encontró refugio y hospitalidad la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Reiteró el Papa para luego destacar que «también hoy», en tierra egipcia «encuentran acogida millones de refugiados que proceden de diferentes países, como Sudán, Eritrea, Siria e Irak».
Tras destacar que Egipto, con su historia y posición geográfica, ocupa un «rol insustituible en Oriente Medio y en el contexto de los países que buscan soluciones a esos problemas difíciles y complejos, que han de ser afrontados ahora para evitar que deriven en una violencia aún más grave», el Papa se refirió a «la violencia ciega e inhumana causada por diferentes factores: el deseo obtuso de poder, el comercio de armas, los graves problemas sociales y el extremismo religioso que utiliza el Santo Nombre de Dios para cometer inauditas masacres e injusticias».
Con el legítimo anhelo del pueblo a pedir un Egipto donde no falte a nadie pan, libertad y justicia social, el Papa Francisco recordó la tarea particular de este país de «reforzar y consolidar también la paz regional». Y uniéndose al dolor de las numerosas familias, algunas de ellas allí presentes, que lloran por la violencia ciega del terrorismo, recordó los atentados en las iglesias coptas, también los más recientes en Tanta y en Alejandría.

«Desarrollo, prosperidad y paz son bienes irrenunciables» reiteró el Papa
Animando los esfuerzos en favor de la paz en Egipto y fuera de él el Obispo de Roma reiteró que nadie debe ser excluido o marginado por ninguna razón, recordando los derechos humanos inalienables, la libertad religiosa y de expresión, con especial atención al rol de la mujer, de los jóvenes, de los pobres y de los enfermos.
Rechazar toda ideología del mal que profana a Dios
Sin olvidar el escenario mundial delicado y complejo, y lo que él ha llamado «guerra mundial por partes», el Papa hizo hincapié en que «no se puede construir la civilización sin rechazar toda clase de ideología del mal, violencia y extremismo, profanando el Santo Nombre de Dios. Como ha dicho en varias oportunidades el mismo presidente egipcio, al que invitó a escuchar valorando sus palabras en este sentido.
La historia no perdona a los que proclaman la justicia y en cambio practican la injusticia

El fenómeno social de la migración

1. La emergencia humanitaria con motivo del fenómeno social de la migración a la que como nación nos enfrentamos es grave, y su perspectiva futura no apunta a una mejoría sino a tener grandes afectaciones en todo México y en la región en su conjunto.
2. Desde esta especial urgencia y preocupación, nos enfocaremos como Iglesia a ayudar y ofrecer nuestro servicio a los migrantes mexicanos y latinoamericanos que transitan por nuestro territorio muchas veces buscando alcanzar los Estados Unidos. Este compromiso no brota de una mera compasión momentánea o de un mero compromiso social solidario. Es por fidelidad al depósito de la fe por lo que reconocemos que Jesús, José y María fueron migrantes y refugiados, que huyeron de su querida tierra para buscar mejores condiciones de vida y seguridad, cuando éstas se mermaron (cf. Mt 2,13-23). Por esta razón, asumimos que un auténtico itinerario de vida cristiana no puede evadir o ser lento en la respuesta a nuestros hermanos migrantes. En la carne concreta de los migrantes, Jesús mismo continúa caminando en búsqueda de un nuevo horizonte más fraterno y justo para las personas y para los pueblos.

I. El contexto reciente
3. No podemos ser omisos a declaraciones y acciones intimidatorias, discriminatorias y criminalizantes que se han efectuado desde la más reciente campaña presidencial en los Estados Unidos, y ahora en los 100 primeros días del propio gobierno de aquel país, en contra de nuestros hermanos migrantes, de su buena fama, de su paz y tranquilidad, en contra de la unidad de sus familias, y de su legítimo derecho a ejercer un trabajo digno, para sostener a quienes dependen de sus remesas; y que agravian al pueblo mexicano y latinoamericano.
4. Estas acciones se suman a un deficiente marco regulatorio en los Estados Unidos. Deficiente por no fundarse radicalmente en los parámetros elementales que surgen del respeto a los derechos humanos de toda persona por igual.
5. No podemos tampoco ocultar la vergonzosa situación que desde hace muchos años se presenta en México, principalmente respecto de los migrantes centroamericanos, tantas veces víctimas del crimen organizado, de extorsiones y de trato inhumano. Así mismo, víctimas del deficiente Estado de Derecho y del poco aprecio a los derechos humanos también en nuestro propio territorio.
6. Reconocemos que ante estas situaciones, numerosos actores en Estados Unidos y México han actuado a través de la defensoría legal, declaraciones públicas a favor de los inmigrantes, ofreciendo hospitalidad, acompañamiento y ayuda caritativa. Así lo reconocía el Papa Francisco en su visita a México: “Hay signos que se vuelven luz en el camino y anuncio de salvación. Sabemos del trabajo de tantas organizaciones civiles que trabajan en favor de los derechos de los migrantes. Sabemos del trabajo comprometido de tantas hermanas religiosas, religiosos y sacerdotes; de laicos que se la juegan en el acompañamiento y en la defensa de la vida. Y asisten en primera línea arriesgando muchas veces la suya propia. Con sus vidas son profetas de misericordia, son el corazón comprensivo y los pies acompañantes de la Iglesia que abre sus brazos y los sostiene.”
7. Ante esta situación, la Iglesia Católica, como comunidad e institución que forma parte importante de la sociedad mexicana, asume la responsabilidad histórica de actuar al servicio de nuestro pueblo. Se espera de ella y ofrece, no solamente una palabra profética, sino un compromiso de vida y de acción permanentes. Un testimonio personal y comunitario. En otras palabras, la Iglesia ha de continuar haciendo camino junto con los migrantes porque ellos también son Pueblo de Dios que camina en la historia.
8. Con esta conciencia y asumiendo este compromiso, nos atrevemos a  ofrecer y proponer algunas acciones que anhelamos sean testimonio fiel de lo que espera Jesucristo de nosotros.
II. Propiciar el diálogo y la colaboración
9. Se requiere el diálogo y la colaboración de todos, para la elaboración de planes y para la realización de acciones emergentes, regionales, nacionales e internacionales. El diálogo desembocará en compromisos concretos y procesos compartidos, que tengan impacto en la vida real. En la Iglesia nos comprometemos a generar espacios de reflexión para promover ideas, estrategias y acciones al interior de las diócesis y de cada parroquia, en favor de los migrantes. Pues como lo dice el Papa Francisco: “En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia.”
Diálogo con Centroamérica y el Caribe
10. Los riesgos y la problemática que vivimos en México es similar a la que viven nuestros hermanos centroamericanos. Por ello, actuaremos solidariamente, Apoyaremos las reuniones episcopales, del triángulo norte-sur (México, Guatemala, Honduras, El Salvador), para trazar líneas comunes de acción; colaboraremos con los organismos internacionales que acompañan a los migrantes; y participaremos conjuntamente en el diseño de nuevas y mejores estrategias.
11. Nos unimos a nuestros hermanos obispos de Centroamérica: “para que nuestra región sea digna casa habitable en donde nadie tenga necesidad de irse, y sea una casa tan amplia en donde quepan otros hermanos extranjeros que esperan nuestra solidaridad”.

Diálogo a nivel
Latinoamericano
12. Nos proponemos apoyar la articulación de la emergencia a favor de los migrantes, a través de las redes latinoamericanas ya existentes del CELAM, como REPAM y CLAMOR, todo ello para colaborar unidos, y luchar para que no existan muros ni militarización entre comunidades hermanas.

Diálogo con
Estados Unidos y Canadá
13. Las sociedades de los tres países tienen mucho en común, y también la necesidad de reconocer y aceptar sus diferencias. Participaremos en las principales reuniones de la sociedad civil de los tres países, que tengan como objetivo enfrentar juntos los problemas comunes en materia migratoria.
14. Con profundo dolor, recibimos la noticia sobre la orden ejecutiva que el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó para dar inicio a la construcción del muro fronterizo. El muro es un signo visible de la discriminación, de falta de voluntad de diálogo, de intimidación y un agravio hacia todo el pueblo y nación mexicana.
15. Como lo dijimos en nuestro comunicado: “Valor y Respeto al Migrante”, respetamos el derecho del gobierno de los Estados Unidos de cuidar sus fronteras y sus ciudadanos, pero creemos que una aplicación rigurosa e intensiva de la ley, no es la manera de alcanzar sus objetivos. Por el contrario estas acciones son en muchos casos abusivas, violando derechos humanos elementales, y generadoras de alarma y temor entre los inmigrantes, desintegrando muchas familias sin la mayor consideración.
16. “Los Obispos de la frontera norte de México y sur de Estados Unidos, hemos venido dialogando, muy comprometidamente, desde hace más de veinticinco años, por la mejor atención a los fieles que habitan dos países hermanos, enmarcados propiamente en una sola ciudad; comunidades de fe atendidas por dos diócesis (como Matamoros y Brownsville, o Laredo y Nuevo Laredo, por ejemplo)”. Fortaleceremos estos esfuerzos para evitar que los muros lastimen más el tejido social de nuestras comunidades fronterizas.
17. Ante este hecho las diócesis hermanas de ambos lados de la frontera continuaremos realizando Eucaristías, encuentros de oración, y otras acciones conjuntas que privilegian la fraternidad y solidaridad entre las personas y las comunidades.
18. Apoyaremos las iniciativas de acompañamiento solidario a las comunidades de inmigrantes que llegan a los EUA, fomentando la creación de puentes pastorales entre parroquias de ambas naciones, siempre en acuerdo y colaboración entre las diócesis involucradas.

III. Compromiso con los migrantes y las comunidades de proveniencia
19. Compartimos con nuestros hermanos obispos de Estados Unidos la decisión de ser solidarios y seguir apoyando a las familias inmigrantes. Recordamos a todas las  comunidades de nuestra nación, que estas familias y sus miembros tienen un valor intrínseco, como hijos de Dios. Y a todos los afectados por las decisiones del gobierno de los Estados Unidos, les decimos, que estamos aquí para caminar con ustedes y acompañarlos en este viaje.
20. Como Iglesia responderemos en momentos de emergencia con el fin de apoyar a las diócesis, sobre todo aquellas con mayor número de migrantes, en momentos en que se requiera diálogo con autoridades y representantes de organizaciones de la sociedad civil.
21. En todas las diócesis, y especialmente a través de la Dimensión Episcopal de la Movilidad Humana, fortaleceremos a los agentes de pastoral para que se pueda coordinar de manera articulada y eficaz las acciones a favor de los migrantes. Existen más de 60 casas de migrantes, además de otros centros y parroquias, administradas por diversas organizaciones de la Iglesia católica. Éstas son una respuesta importante, aunque todavía limitada que requiere ser más promovida y alentada. Así mismo, apoyaremos la creación de redes y centros de coordinación que tengan la capacidad de orientar los esfuerzos en común de las casas de migrantes, y de todos los que trabajan en este tema.
22. Participaremos en el trabajo que ya realizan comunidades eclesiales de otras denominaciones cristianas, que busquen el bienestar de los migrantes.
23. Difundiremos, desde la Comisión Episcopal de Pastoral Social, un “Directorio nacional” de casas, centros y agentes que trabajen con migrantes, y propiciaremos reuniones que promuevan la sinergia entre estas iniciativas.
24. Apoyaremos la elaboración y promoción de iniciativas conducentes a mejorar la legislación que regula el fenómeno migratorio en México.
25. A todos los “hispanos” que viven en los Estados Unidos –cualquiera que sea su situación migratoria– les ofrecemos, desde nuestras posibilidades, nuestra solidaridad y participación decidida en la defensa de sus derechos humanos.
26. Apoyaremos las iniciativas que tengan como objetivo incidir en los organismos internacionales, para la defensa de los derechos humanos de los migrantes de Centroamérica, México y Estados Unidos.

IV.  una vida digna para todos los migrantes 
27. Pondremos toda nuestra disposición para atender las necesidades de emergencia humanitaria de forma inmediata, y al mismo tiempo, daremos los pasos necesarios para la corrección estructural de las causas que generan dicha emergencia.
28. Dirigiremos nuestras acciones hacia la promoción y defensa de la dignidad y los derechos de las personas migrantes. El migrante, al verse forzado a dejar su tierra y su hogar ha de hacerlo de la manera más segura, en especial cuando se trate de mujeres, adolescentes, niños y niñas.
29. Estudiaremos y emprenderemos, junto con otros actores de la sociedad, las acciones que contribuyan a corregir las causas profundas del fenómeno migratorio, y que tiene sus raíces en las violencias en nuestros países: la falta de trabajo digno, la explotación de las personas y comunidades, las relaciones inequitativas entre naciones y la cultura del descarte.
30. Como Iglesia atenderemos con amor y eficacia a esta población tan vulnerable, y para ello, ya desde ahora pedimos a la comunidad católica, promueva campañas, que pongan en el centro al migrante, y a cualquier persona que se encuentre en situación de vulnerabilidad.
31. Estaremos atentos, y daremos seguimiento, tanto a nivel nacional como internacional, a las infracciones y violaciones que en materia de derechos humanos, afecten a las personas migrantes.
32. Compartimos como mexicanos estos compromisos y planteamientos con la esperanza de suscitar y fortalecer iniciativas de todos los grupos y sectores. Pues como nos ha dicho el Papa Francisco en Ciudad Juárez: “La noche nos puede parecer enorme y muy oscura, pero en estos días he podido constatar que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza; he podido ver en muchos de sus testimonios, en sus rostros, la presencia de Dios que sigue caminando en esta tierra, guiando y sosteniendo la esperanza; muchos hombres y mujeres, con su esfuerzo de cada día, hacen posible que esta sociedad mexicana no se quede a oscuras”.
Ponemos a todos nuestros hermanos, migrantes, bajo la mirada amorosa, atenta y protectora, de nuestra Señora de Guadalupe, nuestra dulce y tierna madre.
José Francisco Cardenal Robles Ortega
Presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana
Alfonso G. Miranda Guardiola
Secretario General
Aprobado en reunión ordinaria del Consejo Permanente, en la Ciudad de México, a los 24 días del mes de abril del Año del Señor, 2017.

MAGISTERIO EPISCOPAL
Pbro. Lic Martín
Eduardo Hernández Baeza
Director de la revista
y responsable de CODIPACS

Según el Corazón de Cristo

El mes de junio es dedicado, en la práctica religiosa de la Iglesia, al Sagrado Corazón de Jesús. Una pregunta elemental sería: ¿Qué significa esta devoción? La respuesta inmediata y certera es: Tener fe en Jesucristo nuestro Dios y Señor, pero considerando el núcleo más profundo de esta fe que es creer en su amor. Hablar del Corazón de Cristo, por tanto, es hablar del amor de Jesús por nosotros y creer en este amor divino y humano expresado en este símbolo: El Corazón.
Efectivamente, en nuestro lenguaje común utilizamos frecuentemente este símbolo del corazón. Expresiones como “te lo digo de corazón” te lo doy de corazón”, tiene buen corazón”, etc. nos dicen que al decir esta palabra hablamos de lo más auténtico de la persona, lo más noble, lo más puro, lo más interior, mejor todavía, de la misma esencia humana en su belleza y hermosura, que es el amor humano.
Así, al referirlo al Señor Jesús, al llamarlo Corazón de Jesús, estamos diciendo que hablamos del mismísimo Jesús, pero manifestándonos su intimidad, su amor por nosotros, sobre todo su amor humano.
Yo creo que esto es lo más novedoso de esta manera de llamar a Jesús. A través de Santa Margarita nos vino a decir que él, siendo Dios, al hacerse hombre, adquirió también un corazón humano, y al resucitar, este corazón humano no ha dejado de palpitar de amor por nosotros. Y ahora nos ama con un corazón humano-resucitado, o sea que vive para siempre y vive eternamente amándonos.
El gran reclamo del Sagrado Corazón es que este amor que tanto ha dado al mundo, no se ha visto correspondido como se esperaría. Hay como una queja de falta de amor hacia el Amor que es Él. Es la denuncia ante la indiferencia de la humanidad que no hace eco a este Corazón que la ama, una humanidad que se atreve a menospreciar este amor, simplemente no tomándolo en cuenta, una humanidad que vive como si Dios no existiera.
Pienso que los que lean esta editorial son personas que tienen una sensibilidad religiosa, y que por tanto aceptan esta denuncia de la falta de amor a Jesús. y por tanto, espero que las personas que leen esta editorial se pregunten ¿qué tenemos que hacer? Y la respuesta es: corresponder a tan infinito amor. ¿Cómo?: SIENDO SEGÚN EL CORAZON DE CRISTO
Permítaseme compartir algo un tanto personal: Los obispos, cuando somos nombrados, se nos invita a elegir un lema. Una frase que indique cómo se pretende vivir esa nueva misión que Cristo, a través de la Iglesia, le ha confiado.
Pues bien, mi lema, como muchos saben, es: SEGÚN EL CORAZÓN DE CRISTO. O sea, pretendo ser un obispo según el corazón de Cristo. Un obispo que en su propio corazón albergue los sentimientos, los pensamientos, los anhelos, los movimientos interiores, los amores, las preocupaciones, los sufrimientos, todo lo del Corazón de Cristo.
Identificarse lo más plenamente con ese Corazón, como si pudiéramos hablar (espiritualmente) de un “trasplante” de corazón; que mi corazón palpite al ritmo, al unísono del Corazón de Cristo.
Entonces creo que la propuesta es clara, ¿qué tenemos que hacer?: Ser y actuar según el Corazón de Cristo. Como sacerdote, como ama de casa, como profesionista, como religiosa, como seminarista, lo que yo sea, serlo… según el corazón de Cristo.
En este mes de junio pidámosle al Sagrado Corazón esa “cirugía” tan anhelada, pero sobre todo tan necesaria: “Arranca de mi el corazón de piedra, y dame tu propio corazón” O sea, “dame el amar como tú amas”
Y la gran noticia es que nos da su Corazón, ¿cuándo?: en Pentecostés. Recibir al Espíritu Santo es recibir el amor de Jesús, es recibir su propio Corazón.

Monseñor Eduardo Carmona Ortega
Obispo de la Diócesis de Parral

100 años de Fátima y 25 de la Dióscesis

Este mes de mayo es un mes muy especial. De por sí es el mes de la Virgen. Es por la primavera, es por la Pascua de Resurrección, es por las flores que reflejan muy bien, como un bello símbolo la hermosura espiritual y el perfume agradable que nuestra Madre bendita es para Dios y para nosotros. Se da en el contexto de la resurrección, la Pascua Florida que se llama, cuyo fruto más excelente es ella, María, la llena de gracia, la que fue preservada desde el primer instante de su existencia de toda mancha de pecado, en grado tal que fue concebida y nació inmaculada. Y el 13 de mayo, en toda la Iglesia celebramos a nuestra Madre bajo la muy querida advocación de FÁTIMA. Porque el 13 de mayo del año 1917 la Señora del Cielo apareció a esos tres niños pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco. Así que este 2017 estamos celebrando los cien años de las apariciones de la Virgen en Portugal, en Cova de Iría, en Fátima. Y por la celebración de los cien años y por sus méritos de santidad serán canonizados ese día los dos pastorcitos que murieron niños, los hermanitos Jacinta y Francisco. Será un enorme júbilo en toda la Iglesia por tan anhelado evento. Serán santos niños Jacinta y Francisco. (Lucía apenas murió hace algunos años, después de esos eventos se hizo religiosa y falleció en edad avanzada, ya está iniciado su proceso de beatificación).
Me gusta este pequeño diálogo de la Virgen con los niños:
¿De dónde es su merced?
-Mi patria es el cielo.
¿Y qué desea de nosotros?
-Vengo a pedirles que vengan el 13 de cada mes a esta hora (medio
día).
-¿Y nosotros también iremos al cielo?
-Lucía y Jacinta, si.
-¿Y Francisco?
Los ojos de la Virgen se vuelven hacia el niño y lo miran con
expresión de bondad y de maternal reproche mientras va diciendo:
-El también irá al cielo, pero antes tendrá que rezar muchos rosarios.
Lo refiero porque el gran mensaje de Fátima, lo que allí la Virgen
nos pidió fue oración por el mundo y por la propia conversión.
Y la forma muy concreta que ella pidió fue el rezo del
Santo Rosario. Es por eso NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
DE FATIMA.
Que necesitamos ayuda divina es innegable, que una forma
sencilla al alcance de todos para pedirla es el santo rosario es fácil
de entender. Que lo hagamos… eso ya no parece tan común…
Por eso, en este mes de mayo, la gran exhortación para toda
la Diócesis es que recemos el Santo Rosario. Porque tenemos
una feliz coincidencia: este año, el 4 de noviembre, estaremos
cumpliendo como Diócesis 25 años de vida. Somos una Iglesia
joven, llena de retos y anhelos. Y celebrar bodas de plata este
año es algo que debemos hacer. Pero de una manera espiritual,
agradable a Dios. Y que nos haga bien, espiritualmente, a todos
nosotros.
Por eso la propuesta es: conmemorando los 100 años de la Virgen
de Fátima celebremos los 25 años de nuestra Diócesis con
una campaña de oración del Santo Rosario. Es medio año desde
este mes de mayo hasta el de noviembre. Y en estos meses
iremos haciendo una serie de propuestas sencillas y prácticas
de prepararnos a los 25 años diocesanos. Incrementaremos la
oración a Dios, el amor a la Virgen, y el amor a la Iglesia, que
para nosotros se realiza concretamente en la Iglesia Diocesana.
Ya iremos diciendo cómo. Por ahora el regocijo inmediato es:
Cien años de Fátima, dos niños santos, y la certeza de que nuestra
Madre Bendita, la Virgen de Fátima nos protege y nos cuida.
Mes de mayo, mes para honorar a la Santísima Virgen con oración
y flores.

Monseñor Eduardo Carmona Ortega
Obispo de la Dióscesis de Parral

El centenario de la Virgen de Fátima

El 13 de mayo de 1917 se apareció por primera vez
Nuestra Señora a tres humildes niños portugueses,
con un mensaje maravilloso que atraviesa los años y
que hoy conserva la mayor actualidad. Con ocasión
de los 100 años de las apariciones de Fátima, el Papa Francisco
ha concedido, “con la inherente indulgencia plenaria,
un Año Jubilar, del 27 de noviembre de 2016 hasta el día 26
de noviembre de 2017”. Durante ese tiempo de gracia, los
fieles podrán obtener la remisión de toda la pena temporal
debida por sus pecados, pues en esto consiste la indulgencia
plenaria.

¿CÓMO SE OBTIENE LA INDULGENCIA?
De tres maneras. Primero, todo fiel debe cumplir las condiciones
básicas de una indulgencia, es decir, confesión sacramental,
comunión eucarística y oración por las intenciones
del Santo Padre.
1.- PEREGRINAR AL SANTUARIO:
La primera forma es que “los fieles vengan en peregrinación
al Santuario de Fátima en Portugal y que allí participen en
una celebración u oración dedicada a la Virgen”. Además de
ello los fieles deben rezar el Padrenuestro, recitar el Credo e
invocar a la Madre de Dios.
2.- ANTE CUALQUIER IMAGEN DE LA VIRGEN
DE FÁTIMA EN TODO EL MUNDO:
La segunda forma se aplica para “los fieles piadosos que visitan
con devoción una imagen de Nuestra Señora de Fátima
expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier
templo, oratorio o local adecuado en los días de los aniversarios
de las apariciones, el 13 de cada mes desde mayo
hasta octubre de 2017, y participen allí devotamente en alguna
celebración u oración en honor de la Virgen María”.
Al respecto de esta segunda forma aclara el Santo
Padre que “la visita a la imagen de la Virgen no tiene que
ser necesariamente solo en Fátima o exclusivamente en Portugal”
sino que puede ser en cualquier parte del mundo”.
También se debe rezar un Padrenuestro, el Credo e invocar a
la Virgen de Fátima para ganar la indulgencia.
3.- ANCIANOS Y ENFERMOS:
La tercera forma de obtener una indulgencia se aplica a las
personas que por la edad, enfermedad u otra causa grave
estén impedidos de movilizarse. Pueden rezar ante una imagen
de la Virgen de Fátima y deben unirse espiritualmente
en las celebraciones jubilares en los días de las apariciones,
los días 13 de cada mes, entre mayo y octubre de 2017. Además
tienen que “ofrecer con confianza a Dios misericordioso,
a través de María, sus oraciones y dolores o los sacrificios
de su propia vida”.

Vida Dioscesana
Pbro. Lic. César Alfonso Ortega Díaz
Rector de Catedral y San Martín

Signos y Símbolos de la Semana Santa

Ramos o palmas
Del latín: -palmae- que significa palma de la mano y hoja de la palmera, que usan ya los romanos como símbolo de victoria. Los pueblos que coinciden en asignarle altos valores a este símbolo ya que han desarrollado en torno a ella diversos ritos. Recordemos, empezando por lo más próximo, cómo es tradición entre nosotros colgar en los balcones los ramos bendecidos el Domingo de Ramos para que protegiesen la casa durante todo el año.

El pan y el vino: Cuerpo y Sangre de Cristo
Son los elementos naturales que Jesús toma para que no sólo simbolicen sino que se conviertan en su Cuerpo y su Sangre y lo hagan presente en el sacramento de la Eucaristía.

Jesús los asume en el contexto de la cena pascual, donde el pan ázimo de la pascua judía que celebraban con sus apóstoles hacía referencia a esa noche en Egipto en que no había tiempo para que la levadura hiciera su proceso en la masa (Ex 12,8).

El vino es la nueva sangre del Cordero sin defectos que, puesta en la puerta de las casas, había evitado a los israelitas que sus hijos murieran al paso de Dios (Ex 12,5-7). Cristo, el Cordero de Dios (Jn 1,29), al que tanto se refiere el Apocalipsis, nos salva definitivamente de la muerte por su sangre derramada en la cruz.

Los símbolos del pan y el vino son propios del Jueves Santo en el que, durante la Misa vespertina de la Cena del Señor, celebramos la institución de la Eucaristía, de la que encontramos alusiones y alegorías a lo largo de toda la Escritura.

Pero como esta celebración vespertina es el pórtico del Triduo Pascual, que comienza el Viernes Santo, es necesario destacar que la Eucaristía de ese Jueves Santo, celebrada por Jesús sobre la mesa-altar del Cenáculo, era el anticipo de su Cuerpo y su Sangre ofrecidos a la humanidad en el “cáliz” de la cruz, sobre el “altar” del mundo.

El lavatorio de los pies
El Evangelio de San Juan es el único que nos relata este gesto simbólico de Jesús en la Última Cena y anticipa el sentido más profundo del “sinsentido” de la cruz. Un gesto inusual para un Maestro, propio de los esclavos, se convierte en la síntesis de su mensaje da a los apóstoles una clave de lectura para enfrentar lo que vendrá.

En una sociedad donde las actitudes defensivas y las expresiones de autonomía se multiplican, Jesús humilla nuestra soberbia y nos dice que abrazar la cruz, su cruz, hoy, es ponerse al servicio de los demás. Es la grandeza de los que saben hacerse pequeños, la muerte que conduce a la vida.

El Jueves Santo
La Eucaristía con que se da inicio al Triduo Pascual es la “Missa in Coena Domini”, porque es la que más entrañablemente recuerda la institución de este sacramento por Jesús en su última cena, adelantado así sacramentalmente su entrega de la Cruz.

Cena del Señor
Es el nombre que, junto al de “fracción del pan”, le da por ejemplo San Pablo en 1 C. 11,20 a lo que luego se llamó “Eucaristía” o “Misa”: “kyriakon deipnon”, cena señorial, del Señor Jesús. Es también el nombre que le da el Misal actual: “Misa o Cena del Señor” ((IGMR. 2 y 7).

Abstinencia (del latín abstinentia, acción de privarse o abstenerse de algo)
Gesto penitencial. Actualmente se pide que los fieles con uso de razón y que no tengan algún impedimento se abstengan de comer carne, realicen algún tipo de privación voluntaria o hagan una obra caritativa los días viernes, que son llamados días penitenciales.
Sólo el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia.

Ayuno (del latín ieiunium, ayuno, abstinencia)
Privación voluntaria de comida por motivos religiosos. Es una forma de vigilia, un signo que ayuda a tomar conciencia (ej.: el ayuno del Miércoles de Ceniza recuerda el inicio del tiempo penitencial) o que prepara (ej.: el ayuno eucarístico predispone a la recepción que en breve se hará del Cuerpo de Cristo).

La Iglesia lo prescribe por el espacio de un día para el Miércoles de Ceniza, con carácter penitencial, y para el Viernes Santo, extensivo al Sábado Santo, con carácter pascual; y por una hora para quienes van a comulgar.

Cenizas
La ceniza que impone el sacerdote a los fieles el Miércoles de Ceniza, procede de la quema de las palmas bendecidas durante la Misa del Domingo de Ramos.

Semana Santa
A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Los símbolos de la Pasión
1. La cruz
La cruz fue, en la época de Jesús, el instrumento de muerte más humillante. Por eso, la imagen del Cristo crucificado se convierte en “escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1 Cor 1,23). Debió pasar mucho tiempo para que los cristianos se identificaran con ese símbolo y lo asumieran como instrumento de salvación, entronizado en los templos y presidiendo las casas y habitaciones sólo, pendiendo del cuello como expresión de fe.

Esto lo demuestran las pinturas catacumbales de los primeros siglos, donde los cristianos, perseguidos por su fe, representaron a Cristo como el Buen Pastor por el cual “no temeré ningún mal” (Sal 22,4); o bien hacen referencia a la resurrección en imágenes bíblicas como Jonás saliendo del pez después de tres días; o bien ilustran los sacramentos del Bautismo y la Eucaristía, anticipo y alimento de vida eterna. La cruz aparece sólo velada, en los cortes de los panes eucarísticos o en el ancla invertida.

Podríamos pensar que la cruz era ya la que ellos estaban soportando, en los travesaños de la inseguridad y la persecución. Sin embargo, Jesús nos invita a seguirlo negándonos a nosotros mismos y tomando nuestra cruz cada día (cf Mt 10,38; Mc 8,34; Lc 9,23).

Expresión de ese martirio cotidiano son las cosas que más nos cuestan y nos duelen, pero que pueden ser iluminadas y vividas de otra manera precisamente desde su cruz. Sólo así la cruz ya no es un instrumento de muerte sino de vida y al “por qué a mí” expresado como protesta ante cada experiencia dolorosa, lo reemplazamos por el “quién soy yo” de quien se siente demasiado pequeño e indigno para poder participar de la Cruz de Cristo, incluso en las pequeñas “astillas” cotidianas.

2. La corona de espinas, el látigo, los clavos, la lanza, la caña con vinagre…
Estos “accesorios” de la Pasión muchas veces aparecen gráficamente apoyados o superpuestos a la cruz.

Son la expresión de todos los sufrimientos que, como piezas de un rompecabezas, conformaron el mosaico de la Pasión de Jesús. Ellos materialmente nos recuerdan otros signos o elementos igualmente dolorosos: el abandono de los apóstoles y discípulos, las burlas, los salivazos, la desnudez, los empujones, el aparente silencio de Dios.

La Pasión revistió los tres niveles de dolor que todo ser humano puede soportar: físico, psicológico y espiritual. A todos ellos Jesús respondió perdonando y abandonándose en las manos del Padre.

3. Conmemoración de la Pasión de Cristo
Una fiesta puesta el Martes luego de sexagésima (sexagésimo día antes de las Pascuas). Su objeto es la remembranza devota y el honor de los sufrimientos de Cristo para la redención de la humanidad. Mientras la fiesta en honor de los instrumentos de la Pasión de Cristo – la Santa Cruz, la Lanza, Clavos, y la Corona de Espinas – llamados “Arma Cristiana”, se originó durante la Edad Media, esta conmemoración es de más reciente origen. Aparece por primera vez en el Breviario de Meissen (1517) como una fiesta simple para el 15 de Noviembre. El mismo breviario tiene una fiesta de la Cara Santa para el 15 de Enero y del Nombre Sagrado para el 15 de Marzo. [Grotefend, “Zeitrechnung” (Hanover, 1892), II, 118 sqq.]; estas fiestas desaparecieron con la introducción del Luteranismo. Como se encuentra en el apéndice del Breviario Romano, fue iniciado por San Pablo de la Cruz (muerto en 1775). El Oficio fue compuesto por Tomas Struzzieri, Obispo de Todi, y fiel asociado a San Pablo.

4. Pasión
Del latín patior, passus, que significa experimentar, soportar, padecer, se forma el sustantivo passio (acus. pl. Passiones). Es sintomático que nos hayamos decantado con preferencia por los aspectos positivos de la palabra “pasión”.

5. Ecce Homo
Imagen de Jesucristo tal como Pilato la presentó al pueblo (del latín “ecce”, he aquí, y “homo”, el hombre).

6. Gólgota
Calvario. Colina de Jerusalén en Palestina, donde fue crucificado Jesús.

7. Vía Crucis (en latín: El camino de la cruz)
Ejercicio piadoso que consiste en meditar el camino de la cruz por medio de lecturas bíblicas y oraciones. Esta meditación se divide en 14 o 15 momentos o estaciones. San Leopoldo de Porto Mauricio dio origen a esta devoción en el siglo XIV en el Coliseo de Roma, pensando en los cristianos que se veían imposibilitados de peregrinar a Tierra Santa para visitar los santos lugares de la pasión y muerte de Jesucristo. Tiene un carácter penitencial y suele rezarse los días viernes, sobre todo en Cuaresma. En muchos templos están expuestos cuadros o bajorrelieves con ilustraciones que ayudan a los fieles a realizar este ejercicio.

Los símbolos de la luz
1. La luz y el fuego

Desde siempre, la luz existe en estrecha relación con la oscuridad: en la historia personal o social, una época sombría va seguida de una época luminosa; en la naturaleza es de las oscuridades de la tierra de donde brota a la luz la nueva planta, así como a la noche le sucede el día.

La luz también se asocia al conocimiento, al tomar conciencia de algo nuevo, frente a la oscuridad de la ignorancia. Y porque sin luz no podríamos vivir, la luz, desde siempre, pero sobre todo en las Escrituras, simboliza la vida, la salvación, que es Él mismo (Sal 27,1; Is 60, 19-20).

La luz de Dios es una luz en el camino de los hombres (Sal 119, 105), así como su Palabra (Is 2,3-5). El Mesías trae también la luz y Él mismo es luz (Is 42.6; Lc 2,32).

Las tinieblas, entonces, son símbolo del mal, la desgracia, el castigo, la perdición y la muerte (Job 18, 6. 18; Am 5. 18). Pero es Dios quien penetra y disipa las tinieblas (Is 60, 1-2) y llama a los hombres a la luz (Is 42,7).

Jesús es la luz del mundo (Jn 8, 12; 9,5) y, por ello, sus discípulos también deben serlo para los demás (Mt 5.14), convirtiéndose en reflejos de la luz de Cristo (2 Cor 4,6). Una conducta inspirada en el amor es el signo de que se está en la luz (1 Jn 2,8-11).

Durante la primera parte de la Vigilia Pascual, llamada “lucernario”, la fuente de luz es el fuego. Este, además de iluminar quema y, al quemar, purifica. Como el sol por sus rayos, el fuego simboliza la acción fecundante, purificadora e iluminadora. Por eso. en la liturgia, los simbolismos de la luz-llama e iluminar-arder se encuentran casi siempre juntos.

2. El cirio pascual
Entre todos los simbolismos derivados de la luz y del fuego, el cirio pascual es la expresión más fuerte, porque los reúne a ambos.

El cirio pascual representa a Cristo resucitado, vencedor de las tinieblas y de la muerte, sol que no tiene ocaso. Se enciende con fuego nuevo, producido en completa oscuridad, porque en Pascua todo se renueva: de él se encienden todas las demás luces.

Las características de la luz son descritas en el exultet y forman una unidad indisoluble con el anuncio de la liberación pascual. El encender el cirio es, pues, un memorial de la Pascua. Durante todo el tiempo pascual el cirio estará encendido para indicar la presencia del Resucitado entre los suyos. Toda otra luz que arda con luz natural tendrá un simbolismo derivado, al menos en parte, del cirio pascual.

Los símbolos del Bautismo
1. El agua bautismal

Si bien el rito del Bautismo está todo él repleto de símbolos, el agua es el elemento central, el símbolo por excelencia.

En casi todas las religiones y culturas, el agua posee un doble significado: es fuente de vida y medio de purificación.

En las Escrituras, encontramos las aguas de la Creación sobre las que se cernía el Espíritu de Dios (Gn 1,2). El agua es vida en el riego, en la savia, en el líquido amniótico que nos envuelve antes de nacer.

En el diluvio universal las aguas torrenciales purifican la faz de 1a tierra y dan lugar a la nueva creación a partir de Noé.

En el desierto, los pozos y los manantiales se ofrecen a los nómades como fuente de alegría y de asombro. Cerca de ellos tienen lugar los encuentros sociales y sagrados, se preparan los matrimonios, etc.

Los ríos son fuentes de fertilización de origen divino; las lluvias y el rocío aportan su fecundidad como benevolencia de Dios. Sin el agua el nómade sería inmediatamente condenado a muerte y quemado por el sol palestino. Por eso se pide el agua en la oración.

Yahvé se compara con una lluvia de primavera (Os 6,3), al rocío que hace crecer las flores (Os 14.6). El justo es semejante al árbol plantado a los bordes de las aguas que corren (Nm 24,6); el agua es signo de bendición.

Según Jeremías (2, 13), el pueblo de Israel, al ser infiel, olvida a Yahvé como fuente de agua viva, queriendo excavar sus propias cisternas.

VIDA DE SANTIDAD
PBRO. LIC ROBERTO TARÍN ARZAGA
LIC. EN FILOSOFÍA Y PÁRROCO DE SANTA BÁRBARA

Explicación de la Semana Santa

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos se ha convertido sólo en una ocasión de descanso y diversión. Se olvidan de lo esencial: esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús para aprovechar todas las gracias que esto nos trae.

Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.
Vivir la Semana Santa es acompañar a Jesús con nuestra oración, sacrificios y el arrepentimiento de nuestros pecados. Asistir al Sacramento de la Penitencia en estos días para morir al pecado y resucitar con Cristo el día de Pascua.

Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.
La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.

Domingo de Ramos
Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa. Este domingo es el único en todo el año litúrgico en el que escuchamos la lectura de los evangelios que relatan la Pasión de Jesucristo Nuestro Señor, por eso también se le conoce como el Domingo de la Pasión del Señor, que nos introduce en todo lo que recordaremos durante la Semana Santa.  El color de los ornamentos litúrgicos es el rojo que nos recuerda la sangre derrama por Cristo sobre la Cruz.

Lunes, martes y miércoles Santos
En estos tres días nos disponemos a conocer los detalles que nos narran los evangelios de los acontecimientos que acompañaron los últimos momentos de Jesús son sus discípulos antes de padecer y entregar su vida por nosotros en la cruz como ver los preparativos de la celebración de la pascua judía que celebró con sus discípulos y la traición de Judas Iscariote que se fue planeando con anticipación y cuidado.

Jueves Santo
Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.

Viernes Santo
Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

Sábado Santo
Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “ la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua
Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.

¿Por qué la Semana Santa cambia de fecha cada año?
El pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena.

En la fiesta de la Pascua, los judíos se reunían a comer cordero asado y ensaladas de hierbas amargas, recitar bendiciones y cantar salmos. Brindaban por la liberación de la esclavitud.

Jesús es el nuevo cordero pascual que nos trae la nueva liberación, del pecado y de la muerte.

ESPIRITUALIDAD
PBRO. LIC. OMAR GRAJEDA VALLES
DIRECTOR ESPIRITUAL DEL SEMINARIO