amigos_1

FEBRERO, ¡PARA HABLAR DEL AMOR!

En estos días que inicia febrero vamos a encontrarnos, otra vez, con fuertes invitaciones para celebrar el amor y la amistad. Por lo de San Valentín, por lo de los novios y esposos, por los amigos.
Esto me brinda la oportunidad de reflexionar sobre el verdadero sentido del amor cristiano, como lo entiende y enseña Jesucristo, la palabra de Dios y, consecuentemente, la Iglesia.
Y es que del amor se dicen tantas cosas, algunas incluso todo lo contrario al sentido bíblico del amor. Se confunde con sentimientos, con buenas intenciones, y no pocas veces se reduce a erotismo y pasión.
Cuando Jesús habla del amor utiliza la palabra equivalente a “caridad”, distinta de “eros” y de “filantropía”. Caridad significa hacer el bien, pero de la manera como la explica Jesús alcanza el significado de hacer el bien siempre y a todos.
O sea amar en cristiano es obrar, obrar bien, obrar haciendo el bien. Va más allá de los sentimientos y de las intenciones. Las intenciones son buenas y los sentimientos de amor también, pero no bastan. El discípulo de Jesús culmina el amor con la acción. Si no, no es amor cristiano.
El mandamiento supremo de Jesús es amar como Él amó. Los apóstoles no le preguntan qué significa, porque tenían experiencia personal de ese amor, experimentaron cuidado, ayuda, protección, consuelo de parte del Señor. Lo vieron hacer el bien siempre, a ellos, a los pobres, a los enfermos, a las viudas, a los desheredados del mundo. Siempre lo vieron haciendo el bien.
Efectivamente, así lo describe San Pedro en casa del centurión Cornelio. Pedro los evangeliza y al final dice algo sobre el Señor que lo resume todo: “Jesús pasó por este mundo haciendo el bien a todos”. Sin duda evocó su fuerte experiencia del amor de Jesús, cuando quiso rescatar a Judas, al último, llamándolo “amigo” en el momento de la traición; a él mismo (Pedro) que también traiciona pero salva Jesús con una sola mirada de amor… Y así, a la adúltera, a la samaritana, a Zaqueo, a Leví. Quien le conoció y trató recibió siempre el bien.
 ¡Esto es el amor cristiano! Y luego viene San Pablo para corroborar con precisión. Lo hace en  1 Corintios, 13. Texto bellísimo que se conoce como el Himno al amor. Y en el versículo 4 ilumina con claridad todo lo dicho hasta ahora sobre el amor. San Pablo dice: El amor es comprensivo, el amor es servicial, el amor es respetuoso, no tiene envidia, no lleva cuentas del mal, el amor cree sin límites, espera sin límites, todo lo tolera, busca la justicia, goza con la verdad.
Esto me impresiona mucho, veo aquí una norma suficiente de vida. Diez características del amor, cada una de ellas es un comportamiento bueno, una forma de hacer el bien, una acción. Obras son amores y no buenas razones.
Y ahora podemos hacer dos dinámicas. La primera es cambiar la palabra amor por el nombre de Jesús, diciendo: ¿Cómo es Jesús? Jesús es comprensivo, es servicial, es respetuoso, no es egoísta, no lleva cuentas del mal. Jesús cree en mí, espera de mí, me tolera, Él siempre busca la justicia y goza con la verdad.
Y ahora cambiar el nombre de Jesús (de amor) por el propio nombre. Y aparece la manera de cumplir el mandamiento nuevo de Jesús. Cada uno pone su nombre. Sirvan estos ejemplos:
Armando es comprensivo, Luisa es servicial, José es respetuoso, Mary es generosa, Pepe perdona, una mamá cree en sus hijos, una esposa espera de su esposo, Enrique es tolerante, Samuel busca la justicia, Lupita goza con la verdad.
Ahora se entiende que amar es norma suficiente de vida, como Jesús, pasar por este mundo haciendo el bien a todos.  Amar siempre, evitar el mal siempre, sumar al bien, restar al mal.

Febrero es una buena ocasión para preguntarnos sobre el amor, Juan de la Cruz decía que “al atardecer de la vida seremos examinados sobre el amor. Pues… ¡Manos a la obra!